domingo, 15 de junio de 2014

Rosalila (III) ... y final



̶  ¿Y tú crees que un europeo podrá ver un alux?  ̶ preguntó Norte con voz pastosa, visiblemente afectado por el aguardiente.

̶  ¡Pues claro!, incluso hay referencias de algún gringo que logró verlos   ̶ respondió con chanza mientras se reía escandalosamente ̶  . En todo caso te advierto que solo se pueden ver durante la noche.

Sorprendentemente Rosa Lila resultó ser una bebedora experimentada que sobrellevó con una normalidad pasmosa la media botella de Guaro que le había correspondido durante la larga sobremesa de la cena.

Cuando una amable camarera les invitó con cortesía a abandonar el restaurante, se percataron que solo ellos permanecían en el  comedor y que, por el aspecto de las mesas restantes, ya debía hacer un buen rato que todos los demás clientes se habían marchado. Así que Norte se apresuró a pagar, sin olvidarse de dejar una generosa propina y, entre risas, salieron al frescor de la noche.

̶  Los aluxes son algo parecido a vuestros duendes. Tienen un cuerpo infantil pero con detalles y aspecto de personas adultas y se dedican a hacerle travesuras a aquellos que desobedecen a los dioses pero, especialmente protegen y cuidan las propiedades y cultivos de sus creadores y si sorprenden a alguien robando en los huertos, les apalean y vuelven a pegar los frutos de donde los tomaron.

̶  Pero ¿qué aspecto tienen?   ̶ preguntó cada vez más interesado.



̶  En realidad son pequeñas figurillas amasadas con barro virgen y compuestos a partir de elementos elaborados durante varios viernes. Los animales del bosque les proporcionan lo mejor de sí –prosiguió Rosa Lila ̶ .  Así, por ejemplo, las lagartijas les dan sus patas para andar sigilosamente, las lechuzas sus ojos para ver en la oscuridad, los monos sus brazos para trepar a los árboles y su corazón es una mezcla del de paloma y el jaguar para conjugar ternura y valor.

 ̶  Pues yo no quiero irme sin ver uno de esos seres  ̶ afirmó rotundo, haciéndole un guiño ̶ .  Así que no vas a tener más remedio que acompañarme e iniciarme en los misterios de la cultura maya.

̶  Está bien  ̶ contestó por fin Rosa Lila, tras valorarlo durante unos instantes ̶ .  Conozco un lugar, no muy lejos de aquí en donde dicen que por las noches se pueden ver. Se trata de un antiguo silo de trigo excavado en la piedra que está fuera del sitio arqueológico. Solo necesitamos unos cigarrillos y un poco de maíz para la ofrenda, una linterna y alguien que nos acerque hasta allí.

̶  Eso no es problema. Deja que hable con el recepcionista del hotel dónde me hospedo. Seguro que él es capaz de solucionarlo.

Apenas veinte minutos después viajaban dando tumbos en el asiento trasero del Tuc Tuc que los acercó en unos minutos hasta una zona boscosa cercana y, tras pactar con el conductor que volviera a buscarlos al amanecer, tomaron un pequeño sendero que Rosa Lila iluminó con la potente linterna que le habían prestado.

Si el bosque hondureño durante el día parecía misterioso y exuberante, durante la noche su aspecto se volvía enigmático, impenetrable y, sobre todo, peligroso. La negrura más absoluta más allá del haz de luz de la linterna y los ruidos lejanos de los monos aulladores, con sus chillidos guturales y desgarradores contribuyeron todavía más a esa sensación, tanto que instintivamente Rosa Lila y Norte se tomaran de la cintura intentando aminorar la sensación de aislamiento y temor que ambos comenzaban a sentir y que eliminó de un plumazo los últimos vestigios de alcohol que les pudieran quedar.

Tras una corta caminata Rosa Lila enfocó por fin un pequeño agujero circular abierto en el suelo, en un pequeño claro abierto en la espesa vegetación. En el interior un recinto de unos tres o cuatro metros cúbicos, excavado en la roca.



̶  ¡Este es!  ̶ confirmó por fin, dando un pequeño suspiro de alivio ̶ , por un momento pensé que no lo encontraría. Como puedes ver se trata de un pequeño silo para almacenar alimentos. Ahora solo tendremos que depositar las ofrendas y esperar en silencio, por ejemplo ahí   ̶ dijo iluminando con la linterna las raíces de una gran ceiba que crecía a escasos metros.

Buscaron acomodo abrazados bajo la protección de las enormes costillas que apuntalaban el impresionante ejemplar de ceiba y se dispusieron a esperar, atentos a cualquier señal que les indicara que un algún alux merodeaba por las inmediaciones.

De pronto un ruido lo sobresaltó, despertándolo del profundo sueño en el que se había sumido. Tras unos instantes de vacilación, Norte recordó la cena, la arqueóloga hondureña, la botella de Guaro y la estúpida idea de intentar ver a un pequeño duende maya. A su lado, bajo la manta que los cubría de la humedad de la noche, sintió la rítmica respiración de Rosa Lila durmiendo profundamente sobre su pecho. La besó dulcemente y se dispuso a dormir un rato más, sin embargo, el rumor de unos pasitos, carreras  y saltos destacó claramente en el silencio de la noche, muy cerca de donde ellos se encontraban y Norte sonrió y cerró los ojos. Pronto amanecería y, con la luz del día, el mito maya de los aluxes se transformaría nuevamente en una leyenda.