"Siempre oí que en Nueva York uno nunca conoce a sus vecinos” (Desayuno con diamantes)

domingo, 31 de agosto de 2014

El siniestro encanto de la muerte


En el siglo XVI se construyó la “A Capela dos Ossos” (La Capilla de los Huesos) decorada con los restos óseos de alrededor de 5.000 monjes que descansaban en los más de 40 camposantos de los conventos e iglesias de la ciudad de Évora (Portugal). Está dedicada al Senhor dos Passos, imagen conocida como Senhor Jesus da Casa dos Ossos

Materializando la filosofía franciscana, la macabra arquitectura pretende recordarnos el carácter efímero y transitorio de la vida. Tal es así que, presidiendo la entrada, reza una inscripción:

“Nossos, ossos que aquí estamos, pelos vossos esperamos”,
o lo que es lo mismo,

 “Nosotros, huesos que aquí estamos, por los vuestros esperamos”.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Ebora Liberalitas Lulia


A pesar del frio seco de aquella mañana de abril, se quedó un buen rato admirando el monumento megalítico levantado por el hombre hacía más de cinco milenios. La colina sobre la que se asentaba y el enorme alcornocal que lo rodeaba no venían más que a complementar un lugar único que no le había defraudado. Pero Norte había viajado hasta allí por otra razón, así que tras echarle un último vistazo al conjunto de monolitos de los Almendres, volvió a su automóvil dispuesto a recorrer los últimos quilómetros que lo separaban de su destino.

En realidad todo había comenzado hacía tan solo unas semanas cuando, navegando rutinariamente por internet, se topó con un curioso documento que le llamó la atención, en concreto una antigua ilustración de 1836. Leyó con atención el artículo y, desde entonces, el proyecto fue tomando forma en su cabeza, hasta que por fin, estaba a punto de materializarlo.

Se dirigió directamente al hotel y enseguida comprendió que no se había equivocado cuando realizó la reserva. Un acogedor patio interior, bañado por el sol, fue la primera impresión que recibió y, tal y como anunciaba en su página web, la Albergaría do Calvario estaba situada en un antiguo edificio cuyos muros databan de más de cinco siglos atrás y había servido como molino de aceite de un convento cercano.

Nada más instalarse, Norte decidió posponer su visita unas horas. Tenía tiempo suficiente así que tomó su agenda en donde guardaba sus anotaciones y se dispuso a disfrutar del aperitivo que acababan de ofrecerle en la recepción.


Se acomodó en una de las mesas y buscó entre las páginas de su agenda un papel cuidadosamente doblado. Se trataba de una copia de la ilustración que le había traído hasta allí. En ella se representaba, con todo lujo de detalles, un curioso monumento rectangular con columnas corintias en su frente, todo el coronado con unas almenas árabes que le dan aspecto de fortaleza y finalmente una especie de pequeño campanario que a él, le parecía que en algún momento había albergado una campana. El conjunto lo había desconcertado y a Norte le recordaba en cierta medida a un ornitorrinco, ese animal que parece que esta hecho uniendo partes de diferentes especies.


Lo había encontrado en un libro digitalizado, editado por Ackermann en 1836. Su título: El Instructor. O repertorio de historia, bellas letras y artes, volumen 3, cuyo original descansa en la Biblioteca Estatal de Baviera. Tras una introducción sobre la localidad en la que se encontraba el curioso monumento, el autor describía con detalle no solo sus características arquitectónicas del mismo, sino también los avatares sufridos a lo largo de la historia, especialmente el período en que el templo romano fue reconvertido a matadero y carnicería:

“No solo es falta de gusto, mas aun parece una deliberada perversidad, el haber convertido uno de los mas castizos, nobles y delicados templos del siglo de oro, en un matadero. Tal es el templo …, en el que los carniceros ahora son los sacerdotes, vacas y puercos la congregación, inmundicias el incienso, y las blasfemias consiguientes los himnos á la diosa virgen”

Apuró de un trago el vino que quedaba en su copa y se levantó dispuesto a conocer de primera mano el edificio que lo había llevado hasta allí. No tuvo más que caminar unos minutos para, a través de calles de traza medieval, llegar a la parte más alta de la ciudad donde, en una gran plaza central, destacaban los restos de un templo romano.


Llevaba varias semanas recopilando información sobre él y fueron precisamente las circunstancias por las que pasó el templo desde su construcción, las que despertaron la curiosidad de Norte, llevándole a indagar en su historia. Erigido en la época romana de la ciudad (siglo I dC), fue arrasado en el siglo V durante las invasiones bárbaras, sirvió como suministro de piedra para construcciones cercanas, parte de sus columnas formaron parte de los muros de un castillo medieval, fue lugar de ejecución durante la Inquisición, y finalmente matadero municipal y carnicería, hasta 1863.


 Ahora que lo tenía delante no pudo menos que reconocer el valor de la propuesta de Filipe Simões (1863), al defender la recuperación del templo original, conocido como Templo de Diana, y convertirlo en el sello de identidad de una población: Évora, la Ebora Liberalitas Lulia de los romanos.


domingo, 24 de agosto de 2014

Crómlech de los Almendres


Tras circular unos pocos quilómetros por una pista de tierra, atravesando un hermoso alcornocal, se topó con un monumento megalítico excepcional. Nada más descender de su vehículo, y a pesar de encontrarse un pequeño grupo de turistas, Norte lamentó de no coincidir con la salida de la luna o del sol durante un equinoccio o un solsticio ya que sin duda se trataba por su orientación Este-Oeste, además de construcciones de tipo funerario/religioso, de un observatorio astronómico.

Situado muy cerca de Évora (Portugal), se trata del monumento megalítico más importante de la península Ibérica y uno de los primeros de Europa. Mas de 130 monolitos en círculos y elipses concéntricas, las más antiguas del VI milenio a.C.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Un año más


Bajó del autobús entumecido tras casi una hora de viaje. A pesar de conocer las incomodidades de ese medio de transporte, una vez más, prefirió realizar el viaje hasta  Antigua en uno de esos coloridos chiken buses.

El traslado desde Ciudad de Guatemala había sido toda una aventura, entretenida pero también llena de sobresaltos. Durante el corto trayecto, además de disfrutar de un paisaje variopinto, había tenido ocasión de presenciar un acalorado altercado entre el acomodador de su autobús con otro de la competencia; el motivo, la disputa de un pasajero que esperaba en la orilla de la carretera y al que casi atropellan en un intento de hacerse con un nuevo cliente. También pudo comprobar la pericia del conductor que, en un derroche de irresponsabilidad continuada, puso al viejo autobús en situaciones límite, tomando las curvas con una temeridad propia de un corredor de fórmula 1.


Aun así, Norte nunca perdía la ocasión de utilizar ese transporte público. Su compañero de viaje, un locuaz y amable chapín de no más de 40 años e incondicional del FC Barcelona, lo puso al corriente de la marcha del equipo de futbol con un detallado relato de sus partidos en la Liga Española y en la Champions.

Tardó unos segundos en orientarse pero, nada más bajar del autobús y tras asegurarse que llevaba consigo todas sus pertenencias, se dirigió a su hotel. En cuanto salió del bullicio del mercado y dejó atrás el polvoriento descampado de la estación de autobuses, ya en las calles empedradas de Antigua, pudo relajarse y disfrutar de la brisa en su cara, respirando el aire fresco. Un cielo azul intenso servía de telón de fondo al penacho de humo que en ese momento salía del Volcán de Fuego. 


Antigua, ciudad destruida y reconstruida varias veces, ha sido devastada por las erupciones de los volcanes y, sobre todo, por los terremotos. Pasear por las calles de esa ciudad colonial, Patrimonio de la Humanidad, era todo un lujo. No recordaba cuantas veces había estado y, en todas ellas sin excepción, había disfrutado el hermoso contraste de la arquitectura renacentista española, trazada con criterios racionalistas, con una variopinta mezcla de población local y, como telón de fondo, un medio natural único. A pesar de la afluencia masiva de turistas que se encontraba cada vez que la visitaba y que desnaturalizaba cada vez más su esencia, para Norte era una de las ciudades más bellas que había visitado nunca y, a pesar del aumento significativo de la delincuencia, nunca se había sentido en peligro.


Nada más llegar al hotel, una bonita sonrisa le recibió tras la mesa del altar que hacía las veces de recepción, suavizando la sobriedad del retablo barroco del siglo XVII que presidía la estancia. Ciertamente, no dejaba de impresionarle a pesar de ser para él sobradamente conocido; además la penumbra que envolvía la recepción, levemente iluminada por velas, le daba a una simple inscripción en un hotel un cierto carácter místico que lo convertía casi en un acto de fe. En realidad cada rincón del hotel era como un pequeño pedazo de historia y, desde su primera estancia, Norte se había mantenido fiel y tan solo en un par de ocasiones se había dejado seducir por otros establecimientos de la ciudad. 


- Buenos días Sr, bienvenido al Hotel Casa Santo Domingo.

En tan solo un par de minutos, con una profesionalidad que contrastaba con el lío que se habían montado con su reserva la primera vez que se alojó en el establecimiento, hace ya algunos años, le asignaron una habitación en la planta baja, tal y como había solicitado.

- Que disfrute de su estancia Sr, y por cierto, le deseo que pase un buen día, ¡feliz cumpleaños!

Sorprendido, se dirigió a su habitación. A través de los hermosos pasillos de suelos encerados, jalonados por muros de piedra centenarios, Norte reparó que en efecto ese día era su cumpleaños.

«Joder» -pensó, un poco sobrecogido por los guarismos que había alcanzado su edad.

Encontró su habitación al final de un largo pasillo. Estaba situada justo al lado de una hermosa fuente en la que flotaban pétalos de rosa y que consumaba la escenografía del hotel que giraba en torno al edificio de uno de los conventos más grandes de América, el que albergó a la Orden de los seguidores de Santo Domingo de Guzmán.


Dejó la maleta y se sentó en el borde la cama king size que presidía la enorme habitación y Norte se sintió solo. Recordó a muchas de las personas que habían pasado por su vida y de las que guardaba un grato recuerdo. Momentos irrepetibles, lugares inolvidables, instantes únicos, … y deseó poder que todas aquellas personas pensaran lo mismo de él.

Dejó transcurrir unos minutos y sin deshacer su maleta, consultó su cuenta de Facebook. De pronto, una sonrisa se dibujó en su rostro. Iluminado en rojo, un número mucho más alto de notificaciones que los años que había cumplido, destacaba en el extremo superior de la pantalla. Apagó el dispositivo y, más animado, salió a pasear por las bellas calles de Antigua.

viernes, 15 de agosto de 2014

Los chicken bus

El colorido autobús frenó bruscamente, levantando una polvareda que recubrió como una pátina su cuerpo sudoroso. 

- ¿A La Antigua? - le preguntó el ayudante colgado literalmente de la escalerilla de la puerta delantera del chicken bus; un viejo autobús escolar estadounidense, verdadera pieza de arte urbano, tuneado y reconvertido al transporte público. En el interior, el pasaje, tan colorido como el ecléctico diseño de su carrocería, aguantaba estoicamente las incomodidades del viaje, observando con curiosidad a aquel hombre blanco con aspecto de gringo que aguardaba en la cuneta bajo un sol impenitente.

Confundido por el apremio del conductor se preguntó cómo podría entrar un alma más en aquel “Camarote de los hermanos Marx”.
 

sábado, 9 de agosto de 2014

Volcán Pacaya (Guatemala)

Un alto en el camino tras la ascensión al cráter, a más de 2.000 m de altitud. Al fondo parte de la cadena volcánica Centroamericana.



jueves, 7 de agosto de 2014

La magia del sonido


Aparcó el coche y se dispuso a subir a pie a la pequeña localidad que lo esperaba, encaramada en aquella roca desde hacía siglos. La enorme nevada que había caído la noche anterior sobre la región no le había impedido llegar hasta allí, pero había dejado una gruesa capa de nieve que le proporcionaba al paisaje ese toque irreal, de apariencia engañosa que, a Norte, le recordaba a la navidad.


Comenzó a caminar por una estrecha senda abierta en la nieve fresca, que discurría paralela a la carretera y que llevaba, en una espiral ascendente, al mismo corazón de la ciudad. A su izquierda, enormes contrafuertes ceñían las murallas que envolvían, como un cucurucho, a un puñado de casas desordenadas construidas con piedra arenisca de color rojizo. En todas aquellas superficies donde la nieve había logrado mantenerse en un precario equilibrio, luchando contra la gravedad, numerosos manchones blancos completaban la bella y fría estampa invernal de Urbino.

De pronto, una empinada calle de ladrillos rojos, lo invitó a ahorrarse parte de la caminata. Por su orientación, se dirigía hacia el corazón de la ciudad y no dudó en tomar el atajo. Con precaución comenzó a ascender, procurando asentar firmemente sus pies a cada paso que daba para evitar un resbalón en alguna de las placas de hielo que comenzaban a formarse con el frío de la mañana. De su boca, el aire calentado en sus pulmones era exhalado en forma de pequeñas nubes de vapor que aumentaban su frecuencia a medida que ascendía. 


Finalmente, tras culminar la precaria ascensión y deambular por estrechas callejuelas flanqueadas por bellos patios renacentistas y antiguas casas centenarias, llegó a una explanada. Enfrente, el Duomo y un poco más allá, a su izquierda, el enorme Palazo Ducal.


No cabía la menor duda que Federico de Montefeltro había logrado dar a su Ducado un enorme prestigio como centro de cultura humanista y desarrollo de las nuevas artes. Por  Urbino pasaron pintores de la talla de Piero della Francesca y Pedro Berruguete o arquitectos como Luciano Laurana y Francesco del Giorgio, creando en la corte de Urbino un clima artístico y cultural único.

Además Urbino contaba entre sus hijos a Raffaello Sanzio y, por si eso no fuese suficiente, había comenzado a tomar cuerpo la teoría que situaba el paisaje de fondo del célebre cuadro de Leonardo da Vinci, La Gioconda, en la región montañosa de Montefeltro. Si eso fuese cierto, quizás se resolvería uno de los más grandes enigmas artísticos de todos los tiempos y la ciudad añadiría un atractivo más para los turistas deseosos de agregar una anécdota con la que sorprender a sus amigos o subir a su Facebook. 


Allí se habían parido pinturas tan archiconocidas como los retratos de Federico de Montefeltro y Battista Sforza, La Flagelación…, pintados por Piero della Francesca o el retrato de Federico de Montefeltro y su hijo Guidobaldo, realizado por Pedro Berruguete.

Pero en realidad Norte se había trasladado hasta allí por otros motivos, aunque no se pudo resistir al encanto de la ciudad. Decidió seguir su paseo a pesar del intenso frío que le obligaba a mantenerse muy abrigado. Se deleitó con la visión de un patio cubierto por una fina capa de nieve, antesala de unas extraordinarias escaleras de acceso al Palacio Ducal, impregnado todo ello en los ideales de un nuevo clasicismo arquitectónico.


La ausencia de turistas, y casi de lugareños, le permitió disfrutar de una ciudad fascinante que lo sedujo desde el primer momento. Ahora estaba convencido de que no se habían equivocado y que Francesca y él disfrutarían en el próximo Festival di Urbino Musica Antica. Porque ese era el motivo de su visita a la ciudad y porque en su último encuentro en Italia se habían prometido disfrutar de la magia de la música de medievo... deleitarse en el cortile del Palazo Ducal de la armonía de la ciudad ideal del Renacimiento italiano y de la música barroca.