"Con las buenas ideas, y a veces también con las malas, pasa lo mismo que con los átomos de Demócrito o con las cerezas de la cesta, vienen enganchadas unas a otras" (José Saramago)

sábado, 11 de abril de 2015

Primavera en Keukenhof


Tulipanes Estella Rijnveld de pétalos rizados y jaspeados de blanco y rojo,  de la variedad China Pink de color rosa chicle con sus flores sobre tallos altos y espigados, las aromáticas flores color naranja de pétalos puntiagudos del tulipán Ballerina,… solas o combinadas con los tulipanes Spring Green con sus pétalos en forma de pluma de color blanco marfil decorados con listas verdosas. 


Y de pronto, cuando parecía que la naturaleza había agotado su imaginación, cuando Norte ya no creía posible más fantasía, tras un grupo de árboles, un pequeño macizo con elegantes flores moradas de la variedad Queen of night le recordaban que esa creatividad no tenía fin. Tanto que a Norte se le hacía difícil describir con palabras la infinita paleta de colores que alfombraban los macizos de los jardines que componían el enorme complejo.

Un poco más adelante, los graciosos pétalos ahusados de intenso color amarillo limón de la variedad West Point rivalizaban con los cálices rojo caoba de los tulipanes Abu Hassan y, en medio de ambos, como queriendo apaciguar el contraste, las flores rosa pálido de los tulipanes de la variedad Angélique.


Se había acercado a Keukenhof  animado por la entusiasta recomendación del recepcionista del hotel de Ámsterdam en el que pasaba unos días. Más como una forma de matar el tiempo de un fin de semana plagado de fiestas en Holanda, que por un interés real para visitar unos jardines.  Y sin embargo ahora se alegraba de su decisión, a pesar de los miles de personas que, como él, visitaban un lugar en el que florecían más de 7 millones de bulbos florales cada primavera.


Por un momento estuvo tentado a tomar su teléfono. A realizar una llamada y contarle a Francesca lo que estaba viviendo en esos instantes. Blancos, rojos, amarillos, cremas,… con la luminosidad, el brillo y la fuerza que confiere la luz de la primavera destacaban sobre el verde rabioso de céspedes y árboles provocando una fascinación sin límites, de la que era difícil abstraerse.


Finalmente contuvo su impulso y decidió no realizar esa llamada ya que se sentía completamente incapaz de describir la armonía y la belleza de la primavera en Keukenhof.  Keukenhof era algo más que una bonita foto. En realidad Keukenhof eran sensaciones, aromas, colores… Keukenhof  se merecía vivirlo de primera mano.