viernes, 27 de octubre de 2017

Las aguas de la felicidad


Por fin el cielo pareció aclararse y pequeños retazos azules asomaron aquí y allá entre las nubes todavía amenazantes tras la tormenta. Sobre ese hermoso telón de fondo, los restos de las termas de Caracalla, con sus grandes bóvedas desplomadas y enormes muros derruidos de ladrillo, destacaban sobre el horizonte.


Norte elevó su ceja izquierda mientras pensaba que no podía haber elegido mejor momento para visitarlas. Apenas había turistas y el otoño se hacía notar, coloreando las hojas de las frondosas que salpicaban el recinto de hermosas tonalidades rojizas y amarillentas. Y dominando el paisaje, con sus formas rotundas y su intenso color verde, los Pinus pinea y los Cupressus sempervirens, los mismos que se podían encontrar bordeando la Via Appia Antica.


Norte aspiró profundamente el aire límpido tras la tormenta, cargado de los aromas acres y penetrantes de las coníferas y el inconfundible olor a tierra mojada. Si algo le había gustado siempre de la “ciudad eterna” era precisamente esa “conexión” de la vegetación con el patrimonio arqueológico y en las Termas de Caracalla, más que en ningún otro lugar, se daba esa circunstancia.


Cerró los ojos para visualizar aquellos muros, ahora devastados por el paso del tiempo, y revestidos en tiempos pasados por hermosos mármoles blancos de Carrara; para deleitarse con los fascinantes mosaicos de formas geométricas del que antaño fue el gimnasio o para asombrarse con el lujoso decorado de estatuas, columnas y mosaicos; unas termas donde más de 1.600 romanos podían disfrutar a un tiempo de las aguas de la felicidad.


Fue la expresión máxima de la búsqueda del bienestar, de la paz física e interior que estaba al alcance de cualquier ciudadano. Allí se citaban los romanos para hablar y relajarse. Era un placentero paseo por las aguas de la felicidad. Baños que alternaban agua caliente en el caldarium, tibia en el tepidiarum y fría en el frigidarium, para más tarde pasarse por el gimnasio antes de abandonarse al ritual del masaje.