viernes, 5 de octubre de 2018

El color de un sueño


A pesar de estar rodeado de gente,... aunque el día amaneció nuboso,... aun cuando el edificio estaba construido con una gama de colores grises y cremas,... pese a todo ello, Norte no pudo dejar de pensar que, como en la pintura, el color solo existe en los ojos de quién la mira.

Norte no sabía si Emilio Botín estaría satisfecho con el resultado. Lamentablemente no pudo ver concluido uno de sus proyectos icónicos, un edificio que diese cabida a la exposición e investigación artística y que, a la vez, cumpliese las dos premisas básicas para él, dos condiciones esenciales: el mar y Santander. Y es que cuando se encargó el proyecto al arquitecto Renzo Piano, también se le propuso plasmar el vínculo, esa relación casi metafísica entre la ciudad de Santander y el mar.

Y el resultado fue fantástico. Dos volúmenes que parecen levitar justo en la línea en la que la ciudad de Santander se diluye para comenzar a ser mar o quizás donde el mar toma cuerpo para transformarse en ciudad.


Y es que, a pesar de Norte era conocedor de que el color que se percibe no es más que el resultado de la suma de las longitudes de onda reflejadas, a él le seguía gustando pensar que los colores formaban parte de los objetos, de los seres,… de todo aquello que nos rodea y, sobre todo, que existe como tal en la realidad física.

Y en su rostro se dibujó una sonrisa al imaginarse aquel edificio en tonalidades verdosas,... quizás como símbolo de esperanza y renovación continua de la naturaleza.


O posiblemente en colores rojizos, que enseguida asoció a la vitalidad, la pasión, a la actitud optimista ante la vida,…


… o tal vez soñar en anaranjado,… afín acaso a la felicidad, que nos libera de las emociones negativas.


O quizás imaginarlo en tonos azules, ese azul mágico que se funde, en una transición suave y casi irreal, con el mar de la Bahía de Santander.


Y como las facetas de los ojos compuestos de los insectos, las 280.000 piezas cerámicas discoidales que recubren el edificio reflejan la luz, haciendo que cada uno lo sienta en el color de sus sueños.


Quizás Norte no supiese si su creador había logrado mantenerse fiel al encargo,… tal vez Norte no supiese en que color soñaba Emilio Botín,… simplemente, Norte podía decir que a él lo había fascinado.