domingo, 17 de enero de 2021

Bid for the Louvre


«No me lo puedo creer» ―se repetía Norte mientras volvía a leer la noticia,… y era cierto. El museo del Louvre ponía en marcha una iniciativa realmente fascinante. Él, que siempre se había lamentado de la excesiva masificación de los lugares turísticos veía como, ahora que la pandemia dejaba sin apenas turistas las ciudades, nada más y nada menos que El Louvre subastaba experiencias exclusivas. 

Su ceja izquierda se elevó al tiempo que en su rostro se dibujaba una sonrisa socarrona cuando comprobó que la propuesta más exitosa para las arcas del museo fue la de poder disfrutar de la Mona Lisa en la “intimidad” y sin vitrina de por medio, por la que un afortunado había pagado 80.000 euros. 

Recordó la primera vez que había ido al Louvre hace ya muchos años y él, como ese afortunado millonario había podido disfrutar de la obra sin vitrina protectora,… eran otros tiempos. Ya nunca más logró verla sin el cristal de seguridad de por medio repleto de reflejos y, acompañado de ingentes mareas de turistas deseos de descubrir el secreto de esa enigmática sonrisa y subir su selfie a las redes sociales como un trofeo más que añadir a su colección “aquí estuve yo”


Siguió leyendo el artículo, pero su pensamiento ya divagaba por las brumas del tiempo intentando visualizar aquellas experiencias en El Louvre que a él le habían dejado una huella indeleble y para las cuales no había tenido que pagar 80.000 euros en la subasta de la Casa Christie 's,…

Porque allí, en ese mismo museo, Norte había podido disfrutar en la más absoluta soletad de obras maestras como El amor de Psique (Antonio Canova, siglo XVIII) , un soberbio grupo escultórico neoclásico que representa la interpretación socrática del impulso amoroso...


… del Escriba sentado, una hermosa muestra del arte del Imperio Antiguo de Egipto (2480 – 2350 a C.) cuyo realismo fascinaba a Norte…


… o obras como el Código de Hammurabi, uno de los conjuntos de leyes más antiguos que se han encontrado en la antigua Mesopotamia realizado en el año 1750 a C. 


Pero si Norte hubiese tenido que elegir, sin duda alguna se quedaría con una de las representaciones más hermosas del período helenístico,… la Venus de Milo, la diosa del amor y la belleza….


… y especialmente con La Victoria de Samotracia, una bellísima obra del período helenístico que representa a Niké, la diosa de la victoria con alas sobre la proa de un navío.


Acabó de leer la noticia (PULSA AQUÍ si la quieres leer) y sonrió pensando que no es necesario ser millonario para disfrutar de las cosas buenas de las vida.

viernes, 8 de enero de 2021

Percibir, sentir,...

 

Realmente no tengo muy claro cómo empezó todo aquello. No recuerdo si fue producto de mi imaginación o si el destino jugó conmigo. 

En cada encuentro, Olga llenaba con su presencia la diminuta estancia. El dulce aroma a rosas frescas que desprendía lo impregnaba todo y su hermosa y aterciopelada voz, con esa ensoñadora entonación que me cautivaba, conformaban una deliciosa simbiosis que me enloquecía y con la que fantaseaba a diario, esperando impaciente la próxima cita. 

Percibía sus movimientos armónicos y sutiles, como si se tratase de una delicada pluma movida por la brisa. Y nada más recostarse, cada vez que mis dedos se deslizaban por sus largas piernas un cúmulo de sensaciones inconfesables recorría todo mi cuerpo. 

Para mi la piel no guardaba ningún misterio,… es, sin duda, un instrumento de alta precisión emocional, y tocarla, rozarla, acariciarla, con la yema de los dedos es un acto de amor… 

―¡Pedro!,… ¡Pedro!,… ―la voz de Olga me sacó repentinamente del profundo estado de ensoñación en el que se encontraba ―¿Cómo me encuentras?, he realizado todos los ejercicios que me ordenaste. ¿Estaré lista para la representación? 

―Descuida Olga, parece que tu lesión de esguince ha mejorado. Mañana podrás comenzar los ensayos con el resto de la compañía. Recuerda calentar antes de empezar. 

―Eres un cielo. No se que haría sin ti. No se si te apetecería ir a alguna representación...

―Gracias Olga. Que sea ciego no quiere decir que no disfrute con un espectáculo de danza clásica. Claro que iré. 

...................................

250 palabras

viernes, 1 de enero de 2021

La fuerza de un paisaje

 

Hizo un último esfuerzo, más con el corazón que con la razón, pero todo fui inútil. Una vez más aquella pista helada en la que se había convertido la ladera de apenas 300 m de desnivel que lo separaba de la cumbre, lo precipitó al punto de partida en apenas unos segundos, mucho menos que la media hora que había tardado en ascender. Y, de nuevo, Norte miró a su alrededor para comprobar por enésima vez que no había nadie que pudiera verlo en aquella patética situación, con su trasero helado y su orgullo herido.


Tendría que abandonar la idea de subir hasta el Cuiña y sus 1992 m de altitud, mirador excepcional de Sierra de Ancares. Maldijo el momento en que desechó los crampones antes de salir de su casa y, por un momento, los visualizó allí colgados de la pared del garaje. Se incorporó con toda la dignidad de la que fue capaz y descendió unos metros buscando la seguridad de la nieve blanda y un terreno menos empinado. 


Ahora que ya no le obsesionaba la ascensión reparó en algo que le fascinaba de las montañas y que nunca se cansaba de disfrutar,… era la permanencia del silencio, ese silencio atronador solo roto por los sonidos de la naturaleza. Y de pronto unos golpes secos, producidos por el rodar de unas piedras y el crujido de unas ramas al moverse, le sacaron de su abstracción. Apenas tuvo tiempo de dirigir su cámara y disparar tratando de captar la alocada carrera de un corzo que huía. 

Mientras contemplaba como el animal se perdía en la lejanía, un sentimiento de satisfacción recorrió su cuerpo. El contacto con la naturaleza siempre le proporcionaba gratas experiencias, solo era cuestión de paciencia.

Miró a su alrededor, … todo era grandiosidad y belleza.  Desde allí arriba alcanzaba a ver el Valle de Ancares a un lado y el de Piornedo al otro en Galicia y más allá el de Burbía en León,… y custodiándolo, los picos el Mustallar, Penalonga, el Cuiña y, al fondo, los Montes Aquilianos.


Una sensación de humildad lo invadió y fascinado contuvo el aliento cuando algo le llamó la atención. Impresas en la nieve, como si se tratara de unos efímeros fósiles, distinguió  las inconfundibles huellas de oso y, de nuevo, Norte experimentó esa sensación de encuentro consigo mismo y con la naturaleza.