domingo, 1 de marzo de 2020

La austera y cálida belleza del prisma rojizo


Desde el lugar donde él se encontraba, no pudo menos que sorprenderse. Siempre lo había relacionado con la mundialmente conocida ceremonia de entrega de premios que una vez al año se celebraba en su interior y, ahora que lo veía desde la distancia, el evento pasó a un segundo plano y el edificio, simplemente, le fascinó.

Como un flechazo, como una intensa atracción, Norte fue incapaz de apartar su mirada de aquel edificio. Allí, como levitando en la bahía de Riddarfjärden, en una hermosa yuxtaposición de las aguas del lago Mälar con el color rojizo de sus ladrillos, destacaba la austera pero cálida belleza de un prisma rojizo.



Con un estilo ecléctico el Ayuntamiento de Estocolmo mezcla la austeridad de los munktegel (ladrillos de monje, por su uso tradicional en iglesias y monasterios) con hermosas pinceladas de elementos que nos trasladan a la arquitectura oriental y veneciana. Aquí y allá, pequeños detalles salpicaban el edificio mitigando su sobriedad y generando un entorno más amable y lúdico.



Se trata del movimiento Nacional Romántico, una forma de Art Noveau que, a finales del siglo XIX y principios del XX, se desarrolló en los países nórdicos en el que la funcionalidad del material usado para su construcción se combinó con elementos románticos de la época vikinga y del Renacimiento italiano.



Pero si ese equilibrio entre la sencillez del exterior del edificio y la riqueza de sus detalles le sorprendió, su interior le fascinó. Su riqueza decorativa en alguno de sus salones se amalgama con la sobriedad del estilo nórdico, en una suerte de maridaje que permite que el edificio pueda ser usado como dependencias municipales y a su vez servir como escenario en los actos de la entrega de los Premios Nobel.



Recorrer sus estancias supuso para Norte descubrir una decoración cargada de simbolismo, en donde los elementos orgánicos del Art Noveau se mezclan con referencias medievales nórdicas, reforzando la identidad y el carácter propio del estilo Romántico Nacional.



Y, de pronto, un enorme patio que cada año acoge el banquete de la entrega de los Premios Nobel. Es el Salón Azul -llamado de ese modo porqué así figuraba en el diseño original- una bella estancia con elementos renacentistas que sorprende por sus dimensiones, la elegancia de sus elementos decorativos,… y el color rojizo de sus paredes.



Finalmente el Salón Dorado, una estancia cuyas paredes están revestidas de más de 18 millones de teselas doradas con las que se elaboraron los mosaicos con motivos de la historia de Suecia. Es sin duda el lugar ideal para el baile de Gala que se celebra en la entrega de los premios.



Y presidiéndolo todo, con una calidez y luminosidad muy alejada de la frialdad nórdica, Gefjun, reina del Lago Mälaren y diosa escandinava de la fertilidad.






miércoles, 16 de octubre de 2019

El Síndrome de Estocolmo


La primera sensación de Norte al salir del hotel en el que acababa de dejar su equipaje fue de indiferencia. Quizás el clima desapacible y el cielo encapotado o tal vez las obras con la que se topó por todas partes, habían contribuido a esa sensación de apatía que le invadió justo antes de perderse por las calles de la capital Nórdica.

Como las relaciones forjadas a fuego lento, a medida que callejeaba por el entramado de las calles estrechas y empedradas de Gamla Stan o por el barrio alternativo y hipster del Sofo en la isla de Södermalm, mientras visitaba el famoso ayuntamiento de la ciudad en Kungsholmen o paseaba por los jardines de la isla de Djugarden, fue sintiendo esa ciudad, que se asienta en 14 islas unidas por más de 50 puentes, como una experiencia cercana  y entrañable para finalmente convertirse en una relación de complicidad y dependencia,… como si Norte padeciese el Síndrome de Estocolmo.