jueves, 9 de marzo de 2023

La tierra que duerme

 

Tomó el último sorbo de té caliente que le quedaba en la taza, guardó el termo en la mochila y se decidió a abandonar la calidez del coche que lo amparaba. A pesar de la ropa de abrigo, el frío gélido mordió con fuerza en los escasos centímetros cuadrados que no llevaba cubiertos y, aún así, ese mundo congelado que lo rodeaba le parecía tan bello y fascinante como irreal.


 Su luz fantasmagórica y sus formas esculpidas por las fuerzas de la naturaleza que le dan ese aspecto áspero, de vacío y desolación, es solo aparente ya que en realidad esa tierra yerma, sin vida está a la espera de la subida de temperaturas de la primavera que, como un soplo de vida, harán que se recupere su otro esplendor, ese de una gama cromática infinita que solo la naturaleza sabe crear.


 Pero mientras tanto ese cambio no se produce, no dejará de admirar la belleza arrebatadora de la tierra que duerme.  

  




sábado, 13 de noviembre de 2021

Mar, viento y arena

 

Se acabó el verano en Corrubedo. Ahora se puede disfrutar del sonido del mar rompiendo sobre las rocas, del olor a salitre que inunda cada rincón y del viento que peina los cañaverales y pacientemente se encarga de borrar los vestigios del verano. Todo es calma y tranquilidad.


Solo mar, viento y arena. Todo lo que alcanza la vista es producto de la interacción de estos tres elementos. El paisaje, relieve modelado con paciencia infinita de artesano, mantiene su hermoso y delicado equilibrio con la flora y la fauna, conformando un todo en el que nada es superfluo.  


 Con la llegada del otoño, el extenso cordón de playa y los sistemas eólicos asociados, repletos de gente durante el verano, recuperan el sosiego que solo la naturaleza sabe imponer.  


Las lagunas costeras, separadas del océano por depósitos arenosos, rebosan actividad y constituyen uno de los hábitats de mayor interés, jugando un importante papel en la conservación de muchas especies de aves.


Durante el invierno las borrascas aceleran e intensifican la acción modeladora de los elementos sobre el paisaje. Es el momento de esperar, de agazaparse, de aguantar y perseverar hasta que finalmente las tormentas se calman, los vientos se debilitan…  


… y la primavera se despereza, al tiempo que la naturaleza comienza de nuevo su andadura.


 Y de nuevo,… solo mar, viento y arena.





jueves, 15 de abril de 2021

El artista invisible

 

A medida que avanzaba trabajosamente por la empinada senda, Norte percibía las señales de que el artista continuaba inexorable su obra. Es primavera en el Jerte y la naturaleza despierta arrolladora. Los rebollos se desperezan y comienzan a asomar sus pelosas hojas y los cerezos cubren el lienzo de un blanco níveo.

Como un artista invisible, la naturaleza continua con su obra eternamente inacabada, pero tan hermosa e irresistible que admirarla quita el aliento. El dominio sobre la materia es total, sin improvisaciones, solo conocimiento, voluntad y constancia para dar como resultado la más bella creación.

Y por fin llega a su destino,… en esa parte de la creación el artista no ha dejado de trabajar ni un solo instante. Sobre el duro lecho de granito el agua de la Sierra de Tormantos ha labrado pacientemente formas caprichosas durante miles de años que solo responden a las leyes de la física. Son las marmitas de gigante en la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos en el valle del Jerte. Es la búsqueda de la magia en lo real.







jueves, 1 de abril de 2021

Aquel a quién le es permitido quedarse...

 

Abrió la aplicación de su celular y leyó con atención el significado de la palabra que estaba buscando,… y no se sorprendió en absoluto, ya que el término mudéjar significa “aquel a quién le es permitido quedarse”; haciendo una referencia explícita a los musulmanes que permanecieron en tierras reconquistadas por los cristianos adaptando las formas constructivas musulmanas al arte románico primero y gótico y renacentista después, durante un largo período que abarcó desde el XII hasta bien entrado el siglo XVI.

Así que guardó su teléfono y se dispuso a disfrutar de un largo y placentero paseo por Sahagún, lugar al que se le considera el origen de una nueva concepción del arte, un mestizaje entre dos mundos, el musulmán y el cristiano que alumbró el arte mudéjar.



Mientras se perdía caminando entre las callejuelas de la ciudad vieja Norte pudo comprobar los rasgos comunes a ese peculiar estilo de construcción,… materiales baratos como yeso, ladrillo y madera; arcos de medio punto, apuntados o de herradura de clara influencia islámica, con muros y columnas en ladrillo.



Pero si algo resultaba especialmente llamativo en el conjunto compositivo del arte mudéjar, era sin duda la torre, con una indudable semejanza al alminar islámico.

Estaba buscando la Iglesia de San Tirso, uno de los templos más representativos del arte mudéjar leonés, cuando los restos de la Abadía de San Benito le proporcionaron un hermoso encuadre. A través de uno de sus arcos que todavía permanece en pie, Norte descubrió la silueta de su torre de planta rectangular sobre la que se levantan tres cuerpos con bellas arquerías.



Un templo de bellísima y armoniosa factura que se comenzó a construir en el siglo XII, y tras las primeras hileras en piedra de su ábside fue continuado y concluido en ladrillo.



Muy cerca de allí destacaba otra gran torre, se trataba sin duda de la Iglesia de San Lorenzo, de dimensiones muy semejantes a la de San Tirso pero construida íntegramente en ladrillo en el siglo XIII. Su bella torre troncopiramidal con cuatro cuerpos, destaca por sus galerías de arquillos y conjuga el espíritu cristiano y las formas decorativas musulmanas.



Surgido en tierras cristianas, el mudéjar fue creado y ejecutado por artistas musulmanes en un fructífero intercambio cultural y de mestizaje que ha llegado hasta nuestros días.

lunes, 1 de marzo de 2021

La emotiva belleza de lo inesperado

 

A veces es necesario dejarse llevar, desentenderse de la racionalidad que todo lo preside, en fin, … consentir un poco de improvisación en nuestras vidas y que la espontaneidad tome el timón de nuestras decisiones,… y es que cuanto más analizamos, menos espacio dejamos a la intuición,… a la emoción,…

Y Norte solía hacerlo con bastante frecuencia. Así, enfrascado en sus pensamientos y disfrutando de la austera belleza del paisaje por el que circulaba, le llamó la atención un pequeño edificio. No tenía nada de especial, apenas un pequeño rectángulo de mampostería en medio de la nada, junto a una carretera secundaria que une Herrera con Cervera de Pisuerga, camino de la montaña palentina.

Aún así detuvo su vehículo. La sombra de un árbol dibujaba su perfil en la fachada gracias al tibio sol de invierno que ya se ponía por el horizonte, dándole cierta gracia a aquella austera fachada en la que sólo destacaba una puerta con un arco de medio punto, dovelada y flanqueada por dos columnas de desgastados capiteles.

Estos elementos arcaicos, quizás reutilizados y seguramente de factura mozárabe, despertaron un repentino interés en Norte. Así que decidió rodear la nave de la pequeña ermita hasta llegar a su cabecera y, de pronto, percibió la emotiva belleza de lo inesperado. 

Ante él apareció un hermoso ábside semicircular decorado con un friso especialmente bello, compuesto por esquinillas talladas en bloques de piedra y un ajedrezado que se superponía a una serie de arquillos ciegos que enseguida le recordaron a los de estilo lombardo; toda una rareza en la zona donde se encontraba.


Se trataba, sin duda, de la parte mas antigua del edificio, posiblemente levantada en el año 1076 y dedicada a San Pelayo, tal y como rezaba la lápida de consagración del templo.


Volvió sobre sus pasos con la esperanza de acceder a su interior para comprobar que, lamentablemente, la puerta estaba cerrada, aunque sí disponía de una pequeña pieza de vidrio a través de la cual, Norte podía disfrutar de unas buenas vistas del interior de la nave.

Asombrado comprobó los restos de decoración pictórica cubrían el interior del ábside, con los vestigios de un hermoso pantocrátor en su parte central, flanqueado por bellas imágenes de los apóstoles. Una cautivadora muestra de pinturas románicas del siglo XII.





viernes, 29 de enero de 2021

Como una joya escondida


Siempre le ocurría los mismo. Era uno de esos lugares en los que Norte era capaz de agotar todas las baterías y las tarjetas de memoria de su cámara. Había estado allí ya en tres ocasiones y en todas ellas se había prometido a si mismo guardar la cámara y disfrutar. Deleitarse con la simple contemplación de la naturaleza. Y en todas ellas sucumbió al deseo de llevarse esos instantes en un ilusorio empeño de rememorarlos, aun a sabiendas que esos instantes eran irrepetibles.

Como una joya escondida en lo más profundo del Pirineo Occidental, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido da cobijo a un extraordinario espacio natural repleto de profundos cañones que contrastan con cumbres de más de 3000 m en una mágica sucesión de bosques y neveros. 

Caminar por sus sendas es una de las mejores experiencias que los amantes de la naturaleza pueden realizar en nuestro país.












viernes, 1 de enero de 2021

La fuerza de un paisaje

 

Hizo un último esfuerzo, más con el corazón que con la razón, pero todo fui inútil. Una vez más aquella pista helada en la que se había convertido la ladera de apenas 300 m de desnivel que lo separaba de la cumbre, lo precipitó al punto de partida en apenas unos segundos, mucho menos que la media hora que había tardado en ascender. Y, de nuevo, Norte miró a su alrededor para comprobar por enésima vez que no había nadie que pudiera verlo en aquella patética situación, con su trasero helado y su orgullo herido.


Tendría que abandonar la idea de subir hasta el Cuiña y sus 1992 m de altitud, mirador excepcional de Sierra de Ancares. Maldijo el momento en que desechó los crampones antes de salir de su casa y, por un momento, los visualizó allí colgados de la pared del garaje. Se incorporó con toda la dignidad de la que fue capaz y descendió unos metros buscando la seguridad de la nieve blanda y un terreno menos empinado. 


Ahora que ya no le obsesionaba la ascensión reparó en algo que le fascinaba de las montañas y que nunca se cansaba de disfrutar,… era la permanencia del silencio, ese silencio atronador solo roto por los sonidos de la naturaleza. Y de pronto unos golpes secos, producidos por el rodar de unas piedras y el crujido de unas ramas al moverse, le sacaron de su abstracción. Apenas tuvo tiempo de dirigir su cámara y disparar tratando de captar la alocada carrera de un corzo que huía. 

Mientras contemplaba como el animal se perdía en la lejanía, un sentimiento de satisfacción recorrió su cuerpo. El contacto con la naturaleza siempre le proporcionaba gratas experiencias, solo era cuestión de paciencia.

Miró a su alrededor, … todo era grandiosidad y belleza.  Desde allí arriba alcanzaba a ver el Valle de Ancares a un lado y el de Piornedo al otro en Galicia y más allá el de Burbía en León,… y custodiándolo, los picos el Mustallar, Penalonga, el Cuiña y, al fondo, los Montes Aquilianos.


Una sensación de humildad lo invadió y fascinado contuvo el aliento cuando algo le llamó la atención. Impresas en la nieve, como si se tratara de unos efímeros fósiles, distinguió  las inconfundibles huellas de oso y, de nuevo, Norte experimentó esa sensación de encuentro consigo mismo y con la naturaleza.



viernes, 4 de diciembre de 2020

La Casa de la Escusalla

 


Anoche soñé que volvía a La Escusalla. Me parecía estar parada en la entrada. Desde allí podía ver los restos de la enorme y enigmática casona que resistía con osadía el paso del tiempo. Junto a ella, los muros de la capilla con un bello retablo pétreo todavía en pie, eran perfectamente reconocibles a pesar del manto vegetal que la cubría. 

Ha pasado mucho tiempo y todavía conservo nítidos los recuerdos de lo que viví en aquella casa, ahora reservada y silenciosa, que guarda con celo sus secretos, como si desvelarlos supusiese un acto de deslealtad y traición por el que se paga con un alto precio.


Recuerdo aquel primer día, justo en mi décimo sexto aniversario, cuando entré a formar parte del servicio de la casa. Nací en una pobre familia de labradores y la casa de La Escusalla me fascinó desde el primer instante. En la planta baja las estancias me sorprendieron. Sus almacenes repletos de alimentos, las cocinas, las habitaciones del servicio,… y la planta noble simplemente me maravilló. 

Enormes aparadores atestados de delicadas vajillas cartujanas, hermosas cristalerías portuguesas, deslumbrantes lámparas y espejos de Murano,... gruesas alfombras de lana. Todo un mundo desconocido para mi, que estuvo a punto de engullirme entre sus poderosas fauces y del que me vi liberada casi milagrosamente. 

En la planta superior vivían los señores de la casa, los Bahamonde-Nogueira, un matrimonio de Pontevedra sin descendencia que había comprado la casa no hacía mucho tiempo. Una grave afección respiratoria de la señora fue la responsable de la mudanza ya que le permitía tratarse tomando las aguas bicarbonatadas en el cercano balneario de Lobios, en el límite de la frontera con Portugal. 

En la planta baja vivía y trabajaba el servicio. Dependiendo de la época del año éramos un número cambiante de personas, dirigido con mano de hierro por la gobernanta de la casa, Doña Benita. Cada vez que una de nosotras la veía, trataba de huir de ella como si de la peste se tratase. Era mal encarada, colérica y yo diría que también malévola, pero sobre todo lo que me aterrorizaba era su mirada fría como el hielo que parecía atravesarte de lado a lado. 

Arriba y abajo conformaban dos mundos completamente diferentes, antagónicos y complementarios que se movían al ritmo de la salud de la señora de la casa y, sobre todo, del estado de ánimo de su gobernanta. 

Nada más entrar al servicio de los señores, Conchita mi compañera de cuarto, me puso al corriente de las leyendas de la casa, un microcosmos envuelto en un halo de misterio desde su construcción en el siglo XVIII. 

Susurrando en el silencio de las noches, por miedo a que nos sorprendieran, me fue desgranando los avatares que la propiedad sufrió a lo largo de su dilatada historia; los diferentes propietarios que la habitaron, su misteriosa relación con la Inquisición y mil historias más, seguramente adornadas por el entusiasmo narrativo y la desbordante imaginación de mi compañera de cuarto. Pero, sobre todo, me habló de la relación entre la gobernanta de la casa y D. Pedro, un antiguo administrador de la propiedad, desaparecido y buscado por la justicia bajo la acusación de asesinato de trabajadores portugueses que contrataba y mas tarde mataba para no pagarle los jornales,… y la creencia generalizada de que se deshacía de sus cadáveres enterrándolos bajo las losas de piedra de la capilla. 

Tal era así que muchos trabajadores de la finca juraban haber visto en más de una ocasión, coincidiendo con la repentina desaparición de algún jornalero, luces a medianoche en el interior de la capilla. 

Fue aquella fatídica noche de Difuntos cuando se sucedieron los terribles acontecimientos que derivaron en la tragedia que nos sorprendió y de la que la mayoría, milagrosamente salimos indemnes. Ocurrió cuando el Sr. Bahamonde comunicó a Doña Benita que dispusiera todo para que, en los próximos días, comenzaran unas importantes reformas en varias dependencias de la casa, entre las que se encontraba la capilla. 

Desde el primer momento la gobernanta de la casa trató de convencerlo de la inconveniencia de las obras y, poco a poco, las diferencias de opinión derivaron en una fuerte discusión que llamó mi atención y la de todo el servicio. 

Después todo fue ruido y confusión, especialmente cuando muchos de nosotros pudimos oír como Doña Benita, enloquecida, comenzó a gritar, amenazándonos de muerte. 

Fue más tarde cuando la sorprendí, con los ojos enrojecidos por la ira, prendiendo fuego en los almacenes de la planta baja. Tan pronto me vio se abalanzó hacia mi como una demente. Milagrosamente me desembaracé de ella y salí corriendo hacia el patio. 

En pocos minutos el fuego se propagó por las estancias de la casa, devorando muebles y enseres en una inmensa pira. Mientras veíamos impotentes como las techumbres cedían y las llamas se alzaban al cielo iluminando la negrura de la noche, oímos unos espeluznantes y desgarradores gritos procedentes de la capilla en llamas, en los que muchos reconocimos a Doña Benita y a Don Pedro. 

Ahora, muchos años después, todavía evito pasar cerca de la casona. Allí sobre los restos del bello altar pétreo de la capilla alumbran dos velas que nadie sabe quién las atiende,… quizás tenga que ver con las dos luces que muchos vecinos juran que se ven cada primero de noviembre en las ruinas de lo que un día fue la Casa de la Escusalla.


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900 palabras

La historia de La casa de la Escusalla, se mueve entre la realidad y la ficción. Sus ruinas están situadas en el Ayuntamiento de Lobios, al Sur de la provincia de Ourense, en la misma frontera con Portugal. En Galicia, la magia y la racionalidad coquetean asiduamente en un juego de seducción que a nadie extraña, así que en este relato encontrareis historias reales entremezcladas con la fantasía de Norte.

Podéis saber más de la casa de la Escusalla en:

https://www.galiciamaxica.eu/galicia/ourense/casa-da-escusalla/