A veces es necesario dejarse llevar, desentenderse de la racionalidad que todo lo preside, en fin, … consentir un poco de improvisación en nuestras vidas y que la espontaneidad tome el timón de nuestras decisiones,… y es que cuanto más analizamos, menos espacio dejamos a la intuición,… a la emoción,…
Y Norte solía hacerlo con bastante frecuencia. Así, enfrascado en sus pensamientos y disfrutando de la austera belleza del paisaje por el que circulaba, le llamó la atención un pequeño edificio. No tenía nada de especial, apenas un pequeño rectángulo de mampostería en medio de la nada, junto a una carretera secundaria que une Herrera con Cervera de Pisuerga, camino de la montaña palentina.
Aún así detuvo su vehículo. La sombra de un árbol dibujaba su perfil en la fachada gracias al tibio sol de invierno que ya se ponía por el horizonte, dándole cierta gracia a aquella austera fachada en la que sólo destacaba una puerta con un arco de medio punto, dovelada y flanqueada por dos columnas de desgastados capiteles.
Estos elementos arcaicos, quizás reutilizados y seguramente de factura mozárabe, despertaron un repentino interés en Norte. Así que decidió rodear la nave de la pequeña ermita hasta llegar a su cabecera y, de pronto, percibió la emotiva belleza de lo inesperado.
Ante él apareció un hermoso ábside semicircular decorado con un friso especialmente bello, compuesto por esquinillas talladas en bloques de piedra y un ajedrezado que se superponía a una serie de arquillos ciegos que enseguida le recordaron a los de estilo lombardo; toda una rareza en la zona donde se encontraba.
Se trataba, sin duda, de la parte mas antigua del edificio, posiblemente levantada en el año 1076 y dedicada a San Pelayo, tal y como rezaba la lápida de consagración del templo.
Volvió sobre sus pasos con la esperanza de acceder a su interior para comprobar que, lamentablemente, la puerta estaba cerrada, aunque sí disponía de una pequeña pieza de vidrio a través de la cual, Norte podía disfrutar de unas buenas vistas del interior de la nave.
Asombrado comprobó los restos de decoración pictórica cubrían el interior del ábside, con los vestigios de un hermoso pantocrátor en su parte central, flanqueado por bellas imágenes de los apóstoles. Una cautivadora muestra de pinturas románicas del siglo XII.