«Quizás la etiqueta de ser la ciudad elegida para las concentraciones del partido nacional socialista obrero alemán no ayudase mucho a hacerse una idea de Núremberg» -sopesaba Norte a medida que se adentraba en el casco antiguo y descubría con sorpresa la ciudad medieval Patrimonio de la Humanidad.
Llevaba un buen rato callejeando sin un rumbo definido y le costaba decantarse por alguno de los lugares con los que se iba encontrando. No había consultado ninguna guía, ni había investigado en la red lo más interesante de la ciudad. Simplemente había dejado su exiguo equipaje en el hotel que había reservado en el centro y había salido a descubrir la ciudad.
Solo sabía de su pasado imperial y que precisamente esa etiqueta regia de la ciudad quizás explicase la predilección que Adolf Hitler mostraba por ella y que le valió para ser elegida como lugar para celebrar los congresos del partido nazi y, tal vez por todo ello, fue arrasada por los bombardeos durante la segunda Guerra Mundial. Más tarde los aliados la escogieron para ser la sede de los juicios por los crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del Tercer Reich Alemán.
Pero ese pasado reciente no podía ensombrecer de ningún modo su historia. Y es que en el año 1219 Núremberg fue declarada Ciudad Imperial Libre, con una intensa actividad comercial lo que le permitió configurarse como una ciudad-estado que solo rendía cuentas al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus avanzadas técnicas en la elaboración de instrumentos científicos de alta calidad contribuyeron decisivamente al desarrollo de la cartografía en Europa que, más tarde, dieron lugar a que la ciudad fuese la sede de una de las editoriales cartográficas más importantes del mundo.
Sus hermosas y coloridas casas de entramado de madera, sus bucólicos puentes sobre el río Pegnitz, las enormes plazas, las espectaculares iglesias, campanarios, torres fortificadas y en lo más alto su poderoso castillo con sus magníficas vistas,… una ciudad guardada por unas fantásticas murallas de 5 Km de longitud construidas para salvaguardar a sus moradores. Todo ello destruido y reconstruido con mimo por unos habitantes orgullosos de su ciudad en lo que podría definirse como nacimiento, muerte y renacimiento de una ciudad imperial.
Llevaba un buen rato callejeando sin un rumbo definido y le costaba decantarse por alguno de los lugares con los que se iba encontrando. No había consultado ninguna guía, ni había investigado en la red lo más interesante de la ciudad. Simplemente había dejado su exiguo equipaje en el hotel que había reservado en el centro y había salido a descubrir la ciudad.
Solo sabía de su pasado imperial y que precisamente esa etiqueta regia de la ciudad quizás explicase la predilección que Adolf Hitler mostraba por ella y que le valió para ser elegida como lugar para celebrar los congresos del partido nazi y, tal vez por todo ello, fue arrasada por los bombardeos durante la segunda Guerra Mundial. Más tarde los aliados la escogieron para ser la sede de los juicios por los crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del Tercer Reich Alemán.
Pero ese pasado reciente no podía ensombrecer de ningún modo su historia. Y es que en el año 1219 Núremberg fue declarada Ciudad Imperial Libre, con una intensa actividad comercial lo que le permitió configurarse como una ciudad-estado que solo rendía cuentas al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus avanzadas técnicas en la elaboración de instrumentos científicos de alta calidad contribuyeron decisivamente al desarrollo de la cartografía en Europa que, más tarde, dieron lugar a que la ciudad fuese la sede de una de las editoriales cartográficas más importantes del mundo.
Sus hermosas y coloridas casas de entramado de madera, sus bucólicos puentes sobre el río Pegnitz, las enormes plazas, las espectaculares iglesias, campanarios, torres fortificadas y en lo más alto su poderoso castillo con sus magníficas vistas,… una ciudad guardada por unas fantásticas murallas de 5 Km de longitud construidas para salvaguardar a sus moradores. Todo ello destruido y reconstruido con mimo por unos habitantes orgullosos de su ciudad en lo que podría definirse como nacimiento, muerte y renacimiento de una ciudad imperial.


















































