viernes, 15 de mayo de 2020

La ciudad guardada


«Quizás la etiqueta de ser la ciudad elegida para las concentraciones del partido nacional socialista obrero alemán no ayudase mucho a hacerse una idea de Núremberg» -sopesaba Norte a medida que se adentraba en el casco antiguo y descubría con sorpresa la ciudad medieval Patrimonio de la Humanidad.

Llevaba un buen rato callejeando sin un rumbo definido y le costaba decantarse por alguno de los lugares con los que se iba encontrando. No había consultado ninguna guía, ni había investigado en la red lo más interesante de la ciudad. Simplemente había dejado su exiguo equipaje en el hotel que había reservado en el centro y había salido a descubrir la ciudad.

Solo sabía de su pasado imperial y que precisamente esa etiqueta regia de la ciudad quizás explicase la predilección que Adolf Hitler mostraba por ella y que le valió para ser elegida como lugar para celebrar los congresos del partido nazi y, tal vez por todo ello, fue arrasada por los bombardeos durante la segunda Guerra Mundial. Más tarde los aliados la escogieron para ser la sede de los juicios por los crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del Tercer Reich Alemán.

Pero ese pasado reciente no podía ensombrecer de ningún modo su historia. Y es que en el año 1219 Núremberg fue declarada Ciudad Imperial Libre, con una intensa actividad comercial lo que le permitió configurarse como una ciudad-estado que solo rendía cuentas al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus avanzadas técnicas en la elaboración de instrumentos científicos de alta calidad contribuyeron decisivamente al desarrollo de la cartografía en Europa que, más tarde, dieron lugar a que la ciudad fuese la sede de una de las editoriales cartográficas más importantes del mundo.

Sus hermosas y coloridas casas de entramado de madera, sus bucólicos puentes sobre el río Pegnitz, las enormes plazas, las espectaculares iglesias, campanarios, torres fortificadas y en lo más alto su poderoso castillo con sus magníficas vistas,… una ciudad guardada por unas fantásticas murallas de 5 Km de longitud construidas para salvaguardar a sus moradores. Todo ello destruido y reconstruido con mimo por unos habitantes orgullosos de su ciudad en lo que podría definirse como nacimiento, muerte y renacimiento de una ciudad imperial.















domingo, 15 de diciembre de 2019

Hamburgo, ¿alguien dijo miedo al frío?


El recepcionista que le devolvió el saludo con una sonrisa un tanto desconcertante y él se dirigió hacia la puerta de salida. A medida que se calaba el cálido gorro de lana, se ajustaba la bufanda en torno al cuello de su gruesa zamarra forrada de borreguillo y se colocaba los guantes, Norte se preguntó si sería suficiente. Pero como se suele decir no hay días fríos sino ropa inadecuada, … así que se armó de valor y empujó la puerta giratoria, no sin antes comprobar por el rabillo del ojo que el recepcionista lo seguía con la mirada mientras continuaba con esa sonrisa maliciosa dibujada en su rostro.

Y no era para menos, nada más poner un pie en la acera, el viento helador que azotaba la calle le abofeteó en los pocos centímetros cuadrados de piel que llevaba al descubierto. De inmediato sintió el mordisco glacial del frío en su rostro y, casi al instante, sintió como se helaban los pelillos de su nariz.

A pesar de haber estado en otras ocasiones en la ciudad, nunca le había coincidido con unas temperaturas tan bajas y un cielo azul deslumbrante. Una combinación perfecta para disfrutar del lago helado de Alster, de Speicherstadt que con sus 1,5 Km es el barrio de almacenes con pilotes de madera más grande del planeta, del Rathaus (Ayuntamiento) un impresionante edificio de finales del siglo XIX, de las ruinas de San Nicolás, del barrio de St. Pauli, del impresionante edificio de la Filarmónica del Elba o de las imagénes de uno de los puertos más grandes del mundo.

Hizo caso omiso a los -16 ºC que marcaba el panel informativo,… al fin y al cabo la vida no se detiene y la ciudad de Hamburgo le esperaba, ¿alguien dijo miedo al frío?













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jueves, 14 de noviembre de 2019

Apenas un suspiro


Todavía visiblemente afectado, acabó de leer el artículo y levantó la vista de la pantalla de su ordenador. En una de las baldas de la estantería que cubría las paredes de la habitación pudo distinguir el pequeño trozo de hormigón coloreado y de inmediato se abrió una ventana al pasado.

¡Cómo había pasado el tiempo!, … un suspiro desde que un buen amigo le había regalado aquel pedacito de historia, … apenas un instante desde que aquel 9 de noviembre de 1989 el muro que dividía Berlín comenzó a ser derribado, … tan solo un momento de apenas 30 años.

Todavía recordaba cómo, con cierto sentimiento de envidia, deseó haber vivido de primera mano esos momentos y cuando, años después, pudo visitar la capital alemana lo primero que hizo fue buscar los escasos restos que quedaban, ahora convertidos en símbolos, … apenas unos metros de aquellos 155 Km de muros y alambradas que un día separaron la República Democrática Alemana de la República Federal Alemana.

Un muro ominoso que, durante 28 años, 2 meses y 27 días, separó una nación y costó la vida de al menos 140 personas. Un muro juzgado por la historia y ejecutado por la ira y la piqueta de un pueblo.











miércoles, 1 de mayo de 2019

Caminando entre paredes y sombras


«Joder que frío»   ­̶  Pensó Norte nada más salir de su hotel situado en el centro de la ciudad.

No había comprobado la temperatura pero, a juzgar por la ligera capa de nieve que cubría las calles y el frío intenso que se colaba por los resquicios de su ropa de abrigo, casi podía asegurar que andarían en torno a los -5 °C; así que se  ajustó bien su gorro de lana, la bufanda y los guantes y echó a andar por las heladas calles de Bremen.

Comenzaría a anochecer en poco tiempo, por lo que aceleró el paso. A pesar de encontrarse en pleno mes de febrero y con una ola de frío que estaba dejando un paisaje helador en el norte de Alemania, quería llegar a su destino antes de que los restaurantes y los bares de Schnoor comenzaran a llenarse.


Su objetivo era disfrutar de uno de los lugares más antiguos de la ciudad, un barrio que todavía conserva su herencia marinera. Formado por calles estrechas y adoquinadas, con pequeñas casas tradicionales, su propio nombre deriva de la palabra cabo o cuerda, ya que era en este barrio donde los artesanos elaboraban los aparejos de los barcos en la Edad Media, durante la cual, la ciudad hanseática vivió sus momentos de gloria.


Schnoor ya no conservaba ninguna actividad relacionada con lo que un día  fue, transformándose en un bonito decorado sabiamente explotado que ofrece un ambiente tranquilo que parece haberse quedado anclado en el tiempo. Así que, así que para ver un decorado, siempre es mejor disfrutarlo sin visitantes que, desde su punto de vista, adulteraban todavía más su esencia.


Aunque tenía que reconocer que gracias a esa transformación comercial, Schnoor había llegado hasta nosotros. Es el milagro del turismo,… para bien y para mal.



sábado, 24 de marzo de 2018

El caos armónico de Elphi



Tuvo que rebuscar muy a fondo, en el cajón de los recuerdos olvidados, allí donde los días se desvanecen desdibujándose en las brumas del tiempo pasado, para ponerle fecha a una imagen que permanecía nítida en su mente. Juraría que podrían haber transcurrido tres años pero no estaba seguro; quizás cuatro, desde su último viaje a aquella ciudad y todavía podía recordar el extraño e impactante edificio coronado de grúas que había visto a orillas del río Elba.

Había ocurrido en Speicherstadt, en el puerto de Hamburgo, en un hermoso distrito compuesto por naves de ladrillo rojo construidas entre 1883 y 1927, en uno de los mayores complejos de almacenes del mundo declarado Patrimonio de la Humanidad y, a pesar de que su construcción no estaba rematada, ya destacaba como un faro en la noche.



Y ahora que lo veía finalizado, sin grúas ni andamios, se sorprendió de la magnitud y de la belleza del edificio; diseñado y construido para acoger a la Orquesta Filarmónica de Hamburgo. Era la Elbphilharmonie pero la llamaban cariñosamente Elphi, todo un detalle que Norte agradeció.

«Por fin lo han conseguido» ̶ pensó Norte, mientras recordaba la polémica que polarizó la opinión pública alemana lo largo de los más de trece años que duró su construcción y durante los cuales el presupuesto inicial de 77 millones de euros se fue multiplicando a medida que el edificio crecía, hasta alcanzar el dudoso título de proyecto cultural más caro de toda Alemania, superando los 785 millones.

Visto desde la posición en la que él se encontraba, Norte podía apreciar una enorme estructura de vidrio iridiscente coronada con unas enormes olas que descansaba sobre un sobrio edificio de ladrillo rojo, un histórico almacén de café, tabaco y cacao; quizás en un guiño exótico al comercio de coloniales tan importante en un puerto como en el de Hamburgo. Atenuando el contraste sobrecogedor entre ambas, una enorme plaza a 37 metros de altura permitía una visión en panorámica del puerto y de la ciudad.

Como siempre le ocurría en estas ocasiones, tenía que refrenar el impulso de dirigirse de inmediato al interior e intentar paladear el instante; deleitarse con la fascinante visión del edificio que se levantaba ante él. Estaba claro que sus autores, los arquitectos suizos Herzog y de Meuron, habían logrado sacar adelante un proyecto único, un hermoso envoltorio para una sala de conciertos del siglo XXI.

Franqueó la puerta de entrada y se topó con una gran escalera. Una escalera mecánica de casi 100 metros de largo que salvaba los más de 35 metros de altura que le separaban de la gran plaza pública que mediaba entre el antiguo almacén y la estructura acristalada. Y nada más comenzar a ascender, Norte se vio envuelto en una sorprendente sensación espacial al estar construida de tal modo que ambos extremos están fuera del alcance visual de quién la utiliza.


De nuevo, tras un pequeño descanso y después de un giro de 180 º, esta vez unas hermosas escaleras de madera le condujeron a un enorme y sorprendente hall interior, justo en la enorme plaza entre ambos bloques de edificios,… una bella transición entre el antiguo almacén de ladrillo y el moderno edificio que acoge la sala de conciertos.


Subió el último tramo de escalera despacio, paladeando una nueva perspectiva cada vez que los descansados peldaños le acercaban a su objetivo, en un juego de incertidumbre y misterio que sus creadores habían, sin duda alguna, conseguido.


Y nada más alcanzar la gran plaza interior, el secreto se desveló. Como flotando en el aire, como si estuviese levitando sobre los robustos y compactos muros de ladrillo rojo, se elevaba la enorme estructura vidriada a la que solo parecían sostener los ondulados cristales que rodeaban todo su perímetro, posiblemente en un intento de emular las ondas sonoras, las olas del río Elba o quizás ambas.


A Norte el resultado le pareció fascinante. No hacía falta salir a la terraza exterior que rodeaba el perímetro del edificio; a través de la cristalera podía obtenerse una espectacular perspectiva del skyline de la ciudad. Despuntando entre la maraña de tejados el ayuntamiento (Rathaus) o la Iglesia de San Miguel,… pero también del puerto de Hamburgo. Un caótico bosque de grúas que contrastaba con el ambiente armónico de, posiblemente, una de las mejores salas de conciertos del mundo. Era el caos armónico de Elphi.



lunes, 1 de mayo de 2017

La noche azul


De pronto, una atmósfera surrealista lo invadió todo. La Núremberg formal, la Núremberg laboriosa, la Núremberg comercial, la Núremberg industrial..., se transformó con el resplandor de los neones, convirtiéndose en una ciudad mágica y seductora. Las historias cotidianas y corrientes se transformaron en relatos fantásticos y maravillosos, solo al alcance de los soñadores más osados. Y Norte se dispuso a convertir sus sueños en blanco y negro, en sueños azules, como la inmensidad azul del océano que baña las costas del lugar donde nació.

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La Blaue Nacht o la noche azul tiene lugar cada año durante el mes de mayo, en un evento en el que la ciudad de Núremberg se viste completamente de azul y miles de personas la visitan disfrutando de conciertos y representaciones teatrales en cada rincón de la ciudad.