sábado, 11 de julio de 2020

Cerrado por vacaciones 2020

miércoles, 1 de julio de 2020

El cenobio mágico


Desde la distancia, el emplazamiento simplemente lo sobrecogió,… frente a él, emboscado bajo un enorme promontorio rocoso, el cenobio parecía que en cualquier momento podría desaparecer sepultado por la montaña. 

No obstante Norte elevó su ceja izquierda, al tiempo que esbozaba una sonrisa, al recordar que desde hacía más de mil años aquel conjunto monástico formaba parte del conglomerado rocoso que lo amparaba. 

Todo allí parecía trasladar al visitante a un ambiente de retiro en soledad, lejos de los placeres mundanos y en contacto con el medio natural que allá por el siglo X propició la fundación del monasterio. 

San Juan de la Peña despliega un halo mágico que enseguida atrapó a Norte… un medio natural escarpado que desafia la existencia de cualquier edificación en la que más que una construcción realizada por las manos del hombre, los edificios armonizaban de tal modo con el medio natural que parecían formar un conjunto único, resultado de la acción conjunta de las fuerzas geológicas y la erosión del viento y la lluvia, 


... un pasado cargado de historia y en el que, al abrigo de sus muros, se escribió, durante los siglos XI y XII, buena parte de la historia de la monarquía aragonesa. Después, a medida que las conquistas cristianas avanzaban hacia el Sur, fue perdiendo la influencia que ejercía y con ello las preferencias de los monarcas, 


… leyendas fantásticas que sitúan en este cenobio el Santo Grial allá por el año 713 para ponerlo a salvo de los ejércitos musulmanes, 


… y una riqueza arquitectónica única debida su belleza y a la singularidad de su emplazamiento que hace que los artistas hayan tenido que acomodar las piezas a la estructura del terreno. 


… y un claustro que quita la respiración; uno de los elementos más relevantes del monasterio, obra del Maestro de Agüero, un artista anónimo que plasmó bellísimas escenas bíblicas en sus capiteles. 



Todo en San Juan de la Peña rezuma arte e historia, un conjunto mágico en un enclave único.

sábado, 13 de junio de 2020

El capricho rojizo de la naturaleza



Dio un rápido vistazo al espejo retrovisor de su automóvil y Norte no pudo menos que volver a maravillarse. A sus espaldas, todavía coronada de nieve, la cordillera que separaba la Península Ibérica del resto del continente europeo conformaba un fantástico espectáculo. Una cadena montañosa de más de 400 km de longitud y cumbres de más de 3.000 m que emerge del Mar Mediterráneo para morir en el Mar Cantábrico. 

Se adentraba ahora en el Prepirineo, una franja montañosa con cumbres de menor altura y profundos y estrechos valles recorridos por ríos caudalosos, considerada la antesala de la Cordillera Pirenaica. Y ese era precisamente su destino, ya que esa estrecha banda montañosa se caracterizaba por contener enormes depósitos de conglomerados procedentes de los arrastres de ríos y glaciares hacia la depresión del Ebro. 

Quizás por ello se llevó una pequeña decepción cuando la carretera por la que conducía, serpenteando junto al cauce del río Gállego, le mostró un bello paisaje pero ni rastro de las formaciones geológicas que estaba buscando. Por un momento pensó que se había equivocado o que quizás las descripciones que le habían hecho de ellas fuesen un poco exageradas; no en vano ya le había ocurrido en otras ocasiones que los relatos de sus interlocutores habían resultado excesivamente entusiastas.


Pero todo cambió cuando, tras una curva, la carretera y el río se encajonaron en un pequeño cañón. Y allí estaban, no cabía la menor duda. Había llegado a su destino, los Mallos de Riglos, unas monumentales formaciones geológicas constituidas por un conglomerado de arena, arcilla y cantos rodados consolidados con carbonatos. 

Después, millones de años de erosión y plegamientos de la corteza terrestre dieron como resultado unos fantásticos farallones de más de 250 m de altura denominados “mallos”. De un hermoso color rojizo, debido a las arcillas y el mineral de hierro que forma parte de su composición, conforman unos singulares escarpes rocosos que fueron quedando aislados de la montaña debido a la erosión. Era como si, una vez más, la naturaleza hubiese dado rienda suelta a su imaginación y las suaves y verdes laderas tapizadas de enebros y sabinas alumbraran el capricho rojizo de la naturaleza.


Durante un buen rato se quedó contemplando la estampa que tenía ante sí y, por unos instantes, deseó ser un experimentado escalador para poder trepar por esas paredes y poder compartir con las colonias de buitres leonados y quebrantahuesos que habitan sus paredes, las hermosas vistas de los cañones del río.


Cuando por fin pudo abstraerse de la sugestiva atracción que la pared rojiza ejercía sobre él, Norte se dirigió a la pequeña localidad de Riglos que, desde hacia siglos, se asentaba a su abrigo. Le esperaba algo quizás no tan excitante como la escalada, pero seguro que muy emocionante y conmovedor; se trataba del Camino del cielo, una ruta de senderismo que lo llevaría a través de los mallos, un espectáculo para los amantes de la naturaleza.

lunes, 1 de junio de 2020

La naturaleza guardada


Qué difícil era llegar allí,… y no solo físicamente. Antes, Norte tuvo que pedir un permiso administrativo para después desplazarse hasta el Macizo Central, una amplia zona montañosa prácticamente despoblada en Ourense. Se sentía en cierto modo un privilegiado, ya que sería una de las 35 personas que ese día podrían visitar el lugar.

Flanqueado por la Sierra de Queixa y la Sierra San Mamede con picos de más de 1.700 m de altura, es donde se esconde el parque natural de O Invernadeiro. Un espacio donde todo es naturaleza,… más de 5.700 ha de protección ambiental para un lugar en el que no existen asentamientos humanos, una propiedad que no ha sido dividida desde la Edad Media cuando su uso era el pastoreo y la caza hasta que en 1997 fue declarado parque natural, cerrando así su estrecho vínculo que siempre ha tenido con el medio ambiente… es la naturaleza guardada. 

Una sucesión de montañas ondulantes acoge hermosos bosques de robles, tejos y acebos junto con grandes extensiones de matorral bajo que sirven para dar cobijo y sustento a jabalís, armiños y martas, también a corzos y cabras,… son los terrenos de caza del lobo y reciente también del oso que vuelve a recuperar sus dominios.

Son las viejas montañas galaicas desgastadas por el tiempo que, metódico e incasable, modeló sus profundos valles y sus redondeadas cumbres hasta conseguir un resultado excepcional. El viento, la lluvia y el hielo desgastaron y meteorizaron con la paciencia de un viejo artesano cada uno de los rincones de O Invernadeiro, permitiendo que el matorral bajo crezca en los suelos mas pobres mientras que allí donde el suelo es un poco más profundo los acebos, los robles, abedules, tejos y castaños dominen la vegetación. 

Ahora, desde allí arriba, Norte sentía que el farragoso papeleo administrativo y el largo viaje que había tenido que realizar habían valido la pena. El viento en su rostro, los aromas y los paisajes que estaba disfrutando conformaban una hermosa sinfonía que solo la naturaleza sabe interpretar.











viernes, 15 de mayo de 2020

El discreto encanto del jardín escondido


Quizás no fuese el jardín del Palacio de los marqueses de Fronteira en Benfica con sus setos de boj exquisitamente recortados y su fantástico muro recubierto de azulejos, o el jardín sagrado del Bom Jesús en Braga, con su extraordinaria escalinata; tal vez fuese irrelevante si se compara con la monumentalidad de las caprichosas e imposibles terrazas del jardín de la Casa de Mateus en Vila Real; y por supuesto nada equiparable con los jardines del Palacio Nacional de Queluz muy cerca de Lisboa.



Desde luego el jardín del Palacio dos Biscaínhos era mucho más modesto, mucho más pequeño y, sobre todo, mucho más discreto, tanto que muchas veces pasaba desapercibido para los turistas que recorrían las calles de aquella pequeña ciudad. Quizás la mesura que, en todos los sentidos, destilaba el lugar fuese precisamente lo que a Norte más le atrajo de aquel jardín barroco escondido en el centro de la ciudad de Braga.


Sus parterres, con los setos de boj, y sus formas geométricas rivalizan con grutas artificiales, pérgolas, fuentes y esculturas en un juego de seducción en el que la vegetación protagoniza el papel principal.

Es el jardín barroco reinterpretado por la cultura portuguesa en el que se aglutinan las influencias italianas y francesas con pinceladas y propuestas propias como la utilización de los azulejos.


Y si todo ese artificio no fuese suficiente, el jardín se engalana con ejemplares soberbios como el tulipanero de Virginia y los rincones con camelias que dejan adivinar la arquitectura de los edificios del palacio.


Y en la planta baja del edificio, la decoración estriada de los suelos y el mimo en la decoración de los establos pone de relieve la importancia de los caballos en el día a día de los moradores de la casa.



Mientras tanto, los azulejos retoman el protagonismo decorando escaleras y paredes en una especie de lenta y modesta transición que trasladó a Norte a la hermosa y serena escenografía barroca desplegada en los salones y las habitaciones del palacio.

Un bello palacio residencial barroco en el que se combina la racionalidad con el gusto por las formas geométricas de su discreto y encantador jardín escondido.




La ciudad guardada


«Quizás la etiqueta de ser la ciudad elegida para las concentraciones del partido nacional socialista obrero alemán no ayudase mucho a hacerse una idea de Núremberg» -sopesaba Norte a medida que se adentraba en el casco antiguo y descubría con sorpresa la ciudad medieval Patrimonio de la Humanidad.

Llevaba un buen rato callejeando sin un rumbo definido y le costaba decantarse por alguno de los lugares con los que se iba encontrando. No había consultado ninguna guía, ni había investigado en la red lo más interesante de la ciudad. Simplemente había dejado su exiguo equipaje en el hotel que había reservado en el centro y había salido a descubrir la ciudad.

Solo sabía de su pasado imperial y que precisamente esa etiqueta regia de la ciudad quizás explicase la predilección que Adolf Hitler mostraba por ella y que le valió para ser elegida como lugar para celebrar los congresos del partido nazi y, tal vez por todo ello, fue arrasada por los bombardeos durante la segunda Guerra Mundial. Más tarde los aliados la escogieron para ser la sede de los juicios por los crímenes y abusos contra la humanidad cometidos en nombre del Tercer Reich Alemán.

Pero ese pasado reciente no podía ensombrecer de ningún modo su historia. Y es que en el año 1219 Núremberg fue declarada Ciudad Imperial Libre, con una intensa actividad comercial lo que le permitió configurarse como una ciudad-estado que solo rendía cuentas al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Sus avanzadas técnicas en la elaboración de instrumentos científicos de alta calidad contribuyeron decisivamente al desarrollo de la cartografía en Europa que, más tarde, dieron lugar a que la ciudad fuese la sede de una de las editoriales cartográficas más importantes del mundo.

Sus hermosas y coloridas casas de entramado de madera, sus bucólicos puentes sobre el río Pegnitz, las enormes plazas, las espectaculares iglesias, campanarios, torres fortificadas y en lo más alto su poderoso castillo con sus magníficas vistas,… una ciudad guardada por unas fantásticas murallas de 5 Km de longitud construidas para salvaguardar a sus moradores. Todo ello destruido y reconstruido con mimo por unos habitantes orgullosos de su ciudad en lo que podría definirse como nacimiento, muerte y renacimiento de una ciudad imperial.















miércoles, 15 de abril de 2020

La naturaleza que nos rodea


Quizás fuese la sensación de armonía, acaso la de libertad, o tal vez la oportunidad de disfrutar de paisajes fantásticos, … la realidad es que Norte sentía la naturaleza como ese lugar excepcional que a él se le antojaba irrenunciable para el ser humano.



Ante él, las vistas espectaculares del río y el vertiginoso cañón creado a base de millones de años de erosión y, como resultado, ese profundo desfiladero en cuyas cuyas paredes crece un denso bosque de quejigos, encinas madroños y enebros,… y en las zonas más umbrías acebos, tejos y hayas.


Son apenas 20 km de un sendero que recorre el cañón que el río Ebro se ha encargado de cincelar pacientemente en la roca caliza. Es una senda circular en el que uno sale y vuelve a Valdelateja después de recorrer fantásticos caminos que discurren por las riberas de los ríos Rudrón y Ebro, flanqueados en todo momento por bosques de chopos, sauces, alisos, tilos y fresnos. 

Y allí donde el medio natural da una tregua y el cañón se ensancha, la senda atraviesa hermosos pueblos que todavía mantienen fantásticos conjuntos urbanos rebosantes de ricas casas blasonadas de los siglos XVI, XVII y XVIII, cuando la prosperidad sonreía aquellas tierras de Pesquera de Ebro y Cortigosa, 

Pero cuando la senda gana altura, de nuevo la naturaleza nos regala una de esas estampas difíciles de olvidar, uno de esos paisajes creado a base de millones de años de erosión y que nos hace sentir la naturaleza que nos rodea...


… y nos permite contemplar hermosos paisajes, gozar de una buena caminata y reencontrarnos con el medio natural.