sábado, 15 de diciembre de 2018

Entre historias, glicinias y buganvillas


Como si de un lugar encantado se tratase, la pequeña población fue surgiendo como los fotogramas de una película. Aquí y allá, a medida que se perdía por las estrechas calles de la pequeña ciudad colonial, Norte se topó con fachadas de un hermoso y descolorido color siena, con buganvillas y glicinias trepando por sus muros, con calles empedradas que atesoran quizás uno de los legados históricos más importantes de Uruguay.




Y es que bajo esa piel de estuco y piedra, late con fuerza el pasado colonial de Colonia del Sacramento, escenario de mil y un desencuentros entre España y Portugal.


Nada más traspasar el maltrecho lienzo de su muralla por el Portón del Campo, Norte se adentró en la belleza tranquila y evocadora del barrio histórico de una ciudad fundada en 1860 sobre un pequeño promontorio rocoso que mira a poniente, justo sobre el Río de la Plata,… quizás en un vano intento de ensombrecer a la gran Buenos Aires.


Y sin embargo, ese inalcanzable empeño de los portugueses por rivalizar con su vecina de enfrente, se convirtió con el paso de los siglos en una deliciosa ciudad detenida en el tiempo con calles que destilan una mezcla de historias y leyendas que se pierden en las brumas del tiempo. 


Callejuelas con alma, en las que el visitante puede elegir a su gusto la leyenda que mejor se acomode a su curiosidad,… o tal vez a su antojo, ya que en Colonia del Sacramento la historia, las tradiciones y los mitos se enredan hasta confundirse.

Ocurre nada más toparse con la Calle de los Supiros, cuyo nombre unos dicen que se debe a los lamentos de los reos antes de ser ajusticiados.Otros, sin embargo, afirman que su nombre deriva de los burdeles que antaño se situaron en esta calle. Fue entonces cuando Norte elevó su deja irzquierda y en su rostro se dibujó una sonrisa socarrona mientras pensaba que puestos a elegir, él prefería la segunda alternativa.


Y también cuando uno recorre las calles con muros repletos de glicinias y buganvillas que esconden tras ellos ese espacio íntimo y reservado, esos pequeños jardines en los que sus habitantes dejaban transcurrir, al amparo de miradas indiscretas, las horas más calurosas del día. 


… y casonas con sabor portugués, español o porteño,… alternando en un mosaico en el que los adoquines de las calles alternan con glicinias, buganvillas y palmeras en un juego imposible de colores y formas que salpican cada rincón de la ciudad.


… y el viejo Faro, construido sobre las ruinas del convento de San Francisco y apodado por los vecinos la “farola trágica” quizás por las desgraciadas muertes de dos de sus fareros que permanece en la memoria popular. Fue entonces cuando Norte guardó cuidadosamente el folleto que le habían dado en la oficina de información y turismo y decidió no subir.


… pero también hermosas tiendas que mantienen muchos de sus elementos originales en suelos y paredes, con un regusto a almacén, a bazar con aroma colonial en las que perderse entre la colorida y variopinta mercancía de objetos decorativos, recuerdos y obras de artistas locales que aportan pinceladas de vanguardia y nuevas tendencias. 


… o simplemente sentarse y disfrutar de la serenidad de las vistas, esperando quizás al anochecer, … y poder atisbar, en la lejanía, al otro lado del Río de la Plata, las luces de la ciudad de Buenos Aires.


Es Colonia del Sacramento,… un lugar donde disfrutar entre historias, glicinias y buganvillas.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Cavando na area


O mar, o vento, a area,… e a auga, esa auga xélida do Atlántico que penetra ata a medula dos ósos. Son os catro elementos cos que deben enfrontarse cada un dos días que baixan ás praias á procura desa cobizada recompensa que lles dará un día máis a prezada liberdade. Esa que proporciona a emancipación económica, esa que lles permitirá seguir pagando a hipoteca, a factura da luz, o colexio dos nenos…esa que lles dá a súa independencia.

El mar, el viento, la arena,… y el agua, esa agua gélida del Atlántico que cala hasta la médula de los huesos. Son los cuatro elementos con los que deben enfrentarse cada uno de los días que bajan a las playas en busca de ese codiciada recompensa que les dará un día más la preciada libertad. Esa que proporciona la emancipación económica, esa que les permitirá seguir pagando la hipoteca, la factura de la luz, el colegio de los niños…esa que les da su independencia.


Baixo un sol implacábel, resistindo as teimudas e frías chuvieiras, a pesar do vento frío e seco do Norte, cada día que a marea lles deixa, baixan á praia a cavar, … a cavar na area á procura das ameixas, dos berberechos, das navallas… a cavar como tolas mailo frío que entumece cada músculo do seu corpo, da dor que lle produce a artrose,...

Bajo un sol implacable, soportando los pertinaces y fríos aguaceros, a pesar del viento frío y seco del Norte, cada día que la marea se lo permite, bajan a la playa a escarbar, … a escarbar en la arena en busca de las almejas, de los berberechos, de las navajas… a escarbar como posesas a pesar del frío que entumece cada músculo de su cuerpo, del dolor que le produce la artrosis,…


Ata que, cando a marea sobe e bótaas das súas posesións, chega o momento de facer a valoración do seu esforzo. Por desgraza o furtivismo, o peche dos bancos marisqueiros por biotoxinas,… a contaminación das augas, o cambio climático, a oscilación na cotización na lonxa, … deixan a súa pegada no xornal.

Hasta que, cuando la marea sube y las expulsa de sus dominios, llega el momento de hacer la valoración de su esfuerzo. Por desgracia el furtivismo, el cierre de los bancos marisqueros por biotoxinas,… la contaminación de las aguas, el cambio climático, la oscilación en la cotización en la lonja, … dejan su huella en el salario.


A pesar de todo iso, volverán a cavar na area para arrincar ao mar o seu prezado tesouro.

A pesar de todo ello, volverán a escarbar en la arena para arrancar al mar su preciado tesoro.


viernes, 16 de noviembre de 2018

Como un mundo aparte


«El comercio, en sus infinitas facetas, sigue siendo el motor del mundo,... »  ̶ pensó Norte a medida que se acercaba al mercado y percibía como el ajetreo y la animación de las calles aledañas iba en aumento.


Y es que, no en vano, el comercio posiblemente es una de las actividades más antiguas de la humanidad… 


... y a pesar de ello, o quizás por esa misma razón, todos los mercados se parecen. En todos ellos se mantiene ese vínculo entre el comerciante y el cliente,… esa confianza tácita que todo pacto  necesita. 


Pero también cada mercado conserva el distintivo que lo caracteriza… esa etiqueta que lo identifica, la peculiaridad que diferencia a cada uno de los mercados del mundo y que está impregnada de la personalidad y la esencia del lugar y de sus gentes.





En Mindelo, en la isla de San Vicente, en el archipiélago de Cabo Verde, el colorido, los sonidos y sus gentes le proporcionan a sus mercados esa pincelada amable y sencilla que los hace singulares.



Se dejó arrastrar por las sensaciones y deambuló entre los puestos repletos de mercancías y de sueños de prosperidad reflejados en los rostros de muchas de aquellas mujeres que, como en tantos otros lugares de la tierra, llevan sobre sus espaldas la pesada carga de la precaria economía familiar.




Mirase hacia donde mirase, Norte comprobó que aquel universo no se detenía en la venta de productos. Por todas partes, en torno al mercado, prosperan actividades económicas que le reafirmaron en la idea de que, en efecto, el comercio es el motor del mundo.




Pero si algo le maravilló una vez más es que los mercados, en cualquier lugar, son además lugares de evasión, de relaciones sociales,…




… era como si se tratase de un mundo aparte, ajeno a todo lo que ocurre en el resto del universo.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Como una explosión de color


Como una explosión de color, el camposanto rebosa de flores. Crisantemos, rosas, claveles, tajetes, orquídeas, lirios, gladiolos y un sinfín de especies y variedades diferentes de todos los colores y formas rivalizan entre ellas para formar un manto multicolor que no por conocido dejaba de asombrar a Norte cada primero de noviembre.

Y es que en Galicia el culto a los muertos tiene un significado especial, quizás porqué sus orígenes se remontan a una tradición enraizada en la cultura popular de tal manera que la religión católica acabó incorporándola en su calendario.

Sin duda bajo ese grueso manto de flores, escondida tras las brumas del tiempo, subyace la festividad celta del Samhain, una conmemoración que marcaba el fin del verano y en la que los muertos podían volver con los vivos,…

Un día al año en el que las familias recuerdan a sus muertos, en una suerte de homenaje a sus seres queridos desaparecidos, del que la comunidad es testigo…


… después, los muertos regresan a su mundo y, a medida que el recuerdo y  las flores se marchitan y desaparecen, el silencio y la soledad vuelven a reinar en el lugar.



jueves, 18 de octubre de 2018

Un universo de luz y color


Desde allí arriba, a casi 500 metros de altura, las vistas le parecieron fascinantes. Durante el día, el paisaje de vidrio y cemento le sorprendió,…


… pero fue al anochecer, a medida que la oscuridad se abría paso entre la jungla de rascacielos, cuando un universo de luz y color le cautivó.


Se encontraba en el Pico Victoria, o simplemente The Peak como lo denominan en Hong Kong. La zona más exclusiva de la isla pero también el lugar más concurrido de la ciudad con más de 7 millones de visitantes al año.



Tal y como le habían advertido, si solo se tiene tiempo para hacer una cosa en Hong Kong, se debería subir al Pico Victoria.


viernes, 5 de octubre de 2018

El color de un sueño


A pesar de estar rodeado de gente,... aunque el día amaneció nuboso,... aun cuando el edificio estaba construido con una gama de colores grises y cremas,... pese a todo ello, Norte no pudo dejar de pensar que, como en la pintura, el color solo existe en los ojos de quién la mira.

Norte no sabía si Emilio Botín estaría satisfecho con el resultado. Lamentablemente no pudo ver concluido uno de sus proyectos icónicos, un edificio que diese cabida a la exposición e investigación artística y que, a la vez, cumpliese las dos premisas básicas para él, dos condiciones esenciales: el mar y Santander. Y es que cuando se encargó el proyecto al arquitecto Renzo Piano, también se le propuso plasmar el vínculo, esa relación casi metafísica entre la ciudad de Santander y el mar.

Y el resultado fue fantástico. Dos volúmenes que parecen levitar justo en la línea en la que la ciudad de Santander se diluye para comenzar a ser mar o quizás donde el mar toma cuerpo para transformarse en ciudad.


Y es que, a pesar de Norte era conocedor de que el color que se percibe no es más que el resultado de la suma de las longitudes de onda reflejadas, a él le seguía gustando pensar que los colores formaban parte de los objetos, de los seres,… de todo aquello que nos rodea y, sobre todo, que existe como tal en la realidad física.

Y en su rostro se dibujó una sonrisa al imaginarse aquel edificio en tonalidades verdosas,... quizás como símbolo de esperanza y renovación continua de la naturaleza.


O posiblemente en colores rojizos, que enseguida asoció a la vitalidad, la pasión, a la actitud optimista ante la vida,…


… o tal vez soñar en anaranjado,… afín acaso a la felicidad, que nos libera de las emociones negativas.


O quizás imaginarlo en tonos azules, ese azul mágico que se funde, en una transición suave y casi irreal, con el mar de la Bahía de Santander.


Y como las facetas de los ojos compuestos de los insectos, las 280.000 piezas cerámicas discoidales que recubren el edificio reflejan la luz, haciendo que cada uno lo sienta en el color de sus sueños.


Quizás Norte no supiese si su creador había logrado mantenerse fiel al encargo,… tal vez Norte no supiese en que color soñaba Emilio Botín,… simplemente, Norte podía decir que a él lo había fascinado.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Como una naturaleza sagrada


La pequeña cabina del teleférico se transformó en la cápsula que, como si se tratase de un ritual iniciático, lo trasladó desde el nivel del mar hasta Ngong Ping, la parte más alta de la isla de Lantau en Hong Kong, a casi 600 metros de altura.

Ascendió, surcando los cielos acompañado de una familia de asiáticos que observaban quizás un poco sorprendidos, a un Norte que admiraba fascinado la  desembocadura del río Pearl  mientras comenzaban el remonte sobre una exuberante selva subtropical que, como un inmenso e interminable tapiz verde, se extendía a sus pies.


Durante casi media hora, el teleférico recorrió los más de 5 Km que lo separaban de su destino. Donde quiera que mirase, las vistas desde la cabina lo hechizaron. Allá abajo, pequeños riachuelos se precipitaban en extraordinarias cascadas desgarrando la continuidad verde de la vegetación. Mientras tanto, en la lejanía, el mar de China  adornado de un rosario de pequeñas islas que parecían levitar sobre sus aguas, rompía la tiranía de la espesura vegetal con su tenue color azulado.


A medida que ascendía su expectación aumentaba, hasta que de pronto un pequeño revuelo de la familia que lo acompañaba lo alertó. Giró sobre sí mismo y allá a lo lejos, destacando sobre el horizonte, un imponente Buda sobresalía por encima de la vegetación.  Era su destino final, era el Buda de Tian Tan y el Monasterio de Po Lin que se levantaba a sus pies, uno de los centros de peregrinación budista más importantes de China.


Era su primera vez. Nunca antes había visitado un templo budista y sus conocimientos sobre esta religión, o quizás filosofía, eran prácticamente nulos. Cuando visitaba un templo cristiano, Norte disponía de herramientas para encuadrarlo en el momento histórico, comprender sus elementos iconográficos o intuir las fases constructivas por las que había pasado. Pero allí se sentía inseguro. Desconocía los rudimentos más básicos del budismo; sin embargo no podía inhibirse a esa extraña fascinación que le producía esa otra forma de espiritualidad.

Así que, no sin cierto sentimiento de culpabilidad, nada más descender del teleférico se dirigió a la base del Gran Buda y, a medida que se acercaba, fue tomando consciencia de sus dimensiones reales, una enorme estatua de más de 34 metros de altura y 250 toneladas de peso que emergía de la vegetación como un enorme faro.


A pesar del sol abrasador y la alta humedad ambiental, Norte se dirigió hacia la escalinata que le conduciría hasta él. Le esperaban 268 escalones que, como una penitencia, le harían sudar; aun así en ningún momento le desanimaron. No había viajado hasta allí para quedarse a sus pies. 

Allí arriba lo esperaba el Gran Buda, sentado sobre una flor de loto con la mirada fija en el horizonte, mostrando con la postura de sus manos generosidad y alegría.


Todavía resoplando por el esfuerzo, llegó a la plataforma sobre la que se elevaba la enorme figura. En torno a ella se disponían, haciendo sus ofrendas al Gran Buda, las seis deidades que representan la generosidad, la paciencia, la reflexión, el conocimiento, el entusiasmo y la moralidad. Es la hermosa representación de “la Ofrenda de los seis Devas”, las cualidades necesarias para la iluminación según la religión budista.

Desde aquella atalaya Norte se encontró con unas asombrosas vistas de la selva y el mar. Era sin duda la representación simbólica de la armonía entre el hombre, la religión y el medio natural, … la fusión de lo físico con lo espiritual.


Y allá abajo, a sus pies, oculto tras la exuberante vegetación y envuelto en las brumas permanentes de las varillas de incienso dejadas por los peregrinos en señal de agradecimiento, el Monasterio de Po Lin o el “Loto Precioso”.


Se dejó llevar y comenzó a deambular sin un rumbo fijo entre el conjunto de hermosos y coloridos edificios conformaban el monasterio. Y de nuevo la sensación de desazón volvió a asaltarle. Acostumbrado como estaba a la sobriedad, y en muchas ocasiones austeridad, de los templos cristianos, a Norte le costaba comprender esa riqueza cromática y ornamental que se encontraba en cada uno de los templos en los que entraba.


Se acercó despacio al templo principal tratando de no molestar a los fieles que oraban en su interior. En el altar repleto de ofrendas, destacaban tres enormes figuras de Buda que representan el pasado el presente y el futuro.  


Y un poco más allá el templo de los 10.000 budas presidido por los Cinco Budas Dhyani: Vairochana, Akshobhyda, Ratnasambhava, Amitabha y Amoghasiddhi, ... Budas celestiales que se visualizan mediante la meditación.


Fue entonces cuando guardó su cámara y se refugió bajo la sombra de uno de los muchos árboles que crecían en el complejo. Desde aquel lugar trató de empatizar con todo aquello que estaba viviendo. Seres vivos y universo conformando una red viva en la que ninguna parte puede dominar la otra,… como si se tratase de una naturaleza sagrada.