viernes, 14 de junio de 2019

El lenguaje de la elipse


 

No le importó el calor ni el sol abrasador que se abatían sin piedad sobre la ciudad de Valencia aquel mediodía del mes de septiembre. Quería esa luz cegadora, deslumbrante, que pusiese de manifiesto la sencillez, pero también la audacia de aquellos edificios. Hormigón armado, hierro, acero, cristal,... combinados para poner de manifiesto un nuevo concepto de arte en la arquitectura. Síntesis y expresión, llevados a su máxima manifestación.


A pesar de que la Ciutat de les Arts i les Ciènces tiene como objetivo la divulgación científica y cultural, a Norte le interesaba mucho más en ese momento su otra perspectiva. Esos casi dos quilómetros en el viejo cauce del río Turia en los que se acomoda un conjunto arquitectónico que, como una ciudad futurista, es la expresión misma de la energía que despliega la sociedad contemporánea.


Mirase hacia donde mirase, el dinamismo de la elipse hablaba por si sola. A Norte le gusta el sonido de la propia palabra, su intemporalidad,... la suavidad de su concepto y su enorme expresividad.

Era esa ausencia de aristas, o quizás los volúmenes etéreos que conforman cada uno de los edificios, lo que hacía más fascinante el deambular entre ellos, dejándose llevar por las sensaciones.




Y allí estaba L’Hemisferic, con forma de ojo y cuyo interior alberga una gran sala con pantalla cóncava…




… y el Museo de las Ciencias que, como un enorme esqueleto de ballena varado al borde del mar, está dedicado a la ciencia, la tecnología y el medio ambiente…


… y L’Umbracle, repleto de jara, romero, lentisco, madreselva, palmeras... creciendo bajo hermosos arcos flotantes.


El edificio del Oceanográfico, que como un mar en miniatura alberga en su interior una representación de los principales ecosistemas marinos...


Y el Palacio de las Artes ... dedicado a la música y a las artes escénicas


El Puente de l'Assut de l'Or


... y la inmensa plaza cubierta del Ágora


En todos ellos, se disfruta del movimiento plástico de las suaves curvas en contraposición a la estética rectilínea. Es el lenguaje de la elipse.



sábado, 1 de junio de 2019

Azul, azul,...


«Podría pasar horas y horas contemplando el mar...»   ̶ pensó Norte mientras se dejaba acariciar por el viento procedente del mar. Una corriente de aire cargada de aromas salinos que henchía sus pulmones y revitalizaba cada una de sus células.


Frente a él, el cielo y el mar infinitos, con ese azul rabioso, ese azul irrepetible del Mar Mediterráneo, una de esas creaciones que solo son posibles cuando la naturaleza se pone manos a la obra y que, desde el punto de vista emocional, le inducía a ponerse en sintonía con el medio que lo rodeaba.


Y en el Cap Formentor, allí donde la Sierra de Tramuntana se pierde en las profundidades del Mar Mediterráneo, es allí donde el mar se apropia de la tierra, ejerciendo ese efecto hipnótico, ese espectáculo incesante para los sentidos,… es la luz, es el color, es el mar y el viento,.. es naturaleza en estado puro.


Pero sobre todo es azul, azul profundo, azul inmaterial y frío… y tan hermoso.








martes, 14 de mayo de 2019

Al otro lado


Siempre había pensado que una ventana era el marco perfecto para contar una historia.  A un lado o al otro, dentro o fuera; tras las ventanas discurren las vidas, se adivina el espacio interior, su luz nos cautiva y los paisajes diarios, esos que forman parte de nuestra vida, transcurren sin que muchas veces seamos conscientes de ello.

Tal vez por eso Norte deambuló sin rumbo, ajeno a las lujosas estancias, a las pretenciosas chimeneas o al rico mobiliario que hacía de Azay-le-Rideau un hermoso chateau del valle del Loira y, quizás por ello, buscó las ventanas que se abrían en sus gruesos muros.


Hermosas ventanas en las que sus cristales, como teselas, multiplican la luz como un caleidoscopio y crean un cuadro mágico en movimiento, distinto en cada estación, diferente a cada momento del día y de la noche para acabar convirtiéndose en los protagonistas escénicos de las estancias.



Acaso Gilles Berthelot cuando decidió construir una hermosa residencia, en consonancia con su importante puesto de tesorero de Fancisco I, buscase poner de relevancia su estatus social, dar visibilidad a sus éxitos…


… o tal vez poner de manifiesto ese otro efecto, ese que se persigue para la satisfacer la vanidad, ese que pretende despertar la admiración de los demás.


A pesar de ello, a Norte se le antojó que las ventanas, esa forma de comunicación entre el exterior y el interior de aquel bello edificio construido sobre una pequeña isla del río Indra, desde dentro o por fuera, representaban una forma de mirar y de hacerse mirar.


Quizás por ello, cuando la luz nos cautiva al otro lado,  debemos dejar que nos cuente su historia.


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miércoles, 1 de mayo de 2019

Caminando entre paredes y sombras


«Joder que frío»   ­̶  Pensó Norte nada más salir de su hotel situado en el centro de la ciudad.

No había comprobado la temperatura pero, a juzgar por la ligera capa de nieve que cubría las calles y el frío intenso que se colaba por los resquicios de su ropa de abrigo, casi podía asegurar que andarían en torno a los -5 °C; así que se  ajustó bien su gorro de lana, la bufanda y los guantes y echó a andar por las heladas calles de Bremen.

Comenzaría a anochecer en poco tiempo, por lo que aceleró el paso. A pesar de encontrarse en pleno mes de febrero y con una ola de frío que estaba dejando un paisaje helador en el norte de Alemania, quería llegar a su destino antes de que los restaurantes y los bares de Schnoor comenzaran a llenarse.


Su objetivo era disfrutar de uno de los lugares más antiguos de la ciudad, un barrio que todavía conserva su herencia marinera. Formado por calles estrechas y adoquinadas, con pequeñas casas tradicionales, su propio nombre deriva de la palabra cabo o cuerda, ya que era en este barrio donde los artesanos elaboraban los aparejos de los barcos en la Edad Media, durante la cual, la ciudad hanseática vivió sus momentos de gloria.


Schnoor ya no conservaba ninguna actividad relacionada con lo que un día  fue, transformándose en un bonito decorado sabiamente explotado que ofrece un ambiente tranquilo que parece haberse quedado anclado en el tiempo. Así que, así que para ver un decorado, siempre es mejor disfrutarlo sin visitantes que, desde su punto de vista, adulteraban todavía más su esencia.


Aunque tenía que reconocer que gracias a esa transformación comercial, Schnoor había llegado hasta nosotros. Es el milagro del turismo,… para bien y para mal.



miércoles, 17 de abril de 2019

Saturno no estaba en Capricornio...


“La última vez que Saturno estuvo en estación retrógrada en el vigésimo primer grado (20°) de Capricornio fue en 1666, el año del Gran Incendio de Londres. Saturno está ahora en el mismo grado y entrará en estación retrógrada el 29 de abril. Y trágicamente, tenemos un incendio en Notre Dame”

Nada más acabar de leer la noticia en la prensa digital, en el rostro de Norte se dibujó una muestra de disgusto. Cada uno es muy libre de pensar lo que le venga en gana, pero de ahí a achacarle a un planeta como Saturno la responsabilidad de un incendio como el de Notre Dame, eso era mucho para él.


Y es que a  pesar de haber transcurrido casi dos años desde la última vez que  había estado allí, todavía recordaba con toda nitidez los bellísimos días de otoño que pasó en la capital francesa. Paris es hermosa en cualquier época del año pero, para él, el otoño en esa ciudad es mágico.


Los atardeceres se tiñen con una luz especial, el frescor de la tarde invita a refugiarse en las terrazas más abrigadas y los árboles de las avenidas comienzan a teñirse de tonos amarillos. Es entonces  cuando, entre las sombras del atardecer, se pueden intuir los andares toscos de Quasimodo por los tejados de la  catedral, confundido entre las gárgolas y las quimeras.


Ahora con los dos tercios de la techumbre de la catedral arruinados por el fuego, Norte deseó que, entre los escombros de la tragedia, los bomberos no encontrasen los cuerpos calcinados de Quasimodo y Esmeralda.


Dio otro sorbo a su café y continuó leyendo la noticia y, casi al instante, una sonrisa socarrona comenzó a dibujarse en su rostro. Y es que un astrónomo, esta vez de verdad, puntualizaba la afirmación anterior... y respiró tranquilo: “Saturno no está en Capricornio ahora ni el 29 de abril”.


Ahora solo quedaba esperar,… y desear que Quasimodo pueda volver a tañer las campanas de catedral muy pronto.

viernes, 5 de abril de 2019

Allí donde fueres...



«... haz lo que vieres»   ̶ recordó Norte el refrán tantas veces repetido, al tiempo que en su rostro se dibujaba una sonrisa nada más entrar en aquel templo a la comida rápida.

Él, que había nacido en Galicia, una tierra en donde los pescados y los mariscos presumen de una más que merecida fama, un lugar en el que comer es casi una religión y dónde, tratándose de comida, siempre es mejor que sobre que falte, no podía dejar de probar una de las especialidades gastronómicas más famosas de Boston. Se trata del Lobster Roll, la particular forma que los bostonianos tienen de desgraciar un bogavante preparándolo en un bocadillo de pan dulce con mantequilla, con apio, mayonesa y especias.


No sin cierto pesar, Norte se dirigió a Quincy Marquet, visita obligada a un antiguo mercado de productos frescos construido en 1824 y que ha sido reconvertido en una galería con un sin fin de puestos de comida lista para llevar.


Ríos de gente en busca de su hot dog preferido, de su pizza más elaborada o de fish and chips, hamburguesas,... y todo tipo de dulces que conforman la oferta gastronómica de Quincy Market,... todo un mundo de calóricos sabores.  



Así que, dispuesto a darle significado una vez más al famoso dicho “allí donde fueres haz lo que vieres”, Norte se dirigió a cumplir una de sus tradiciones siempre que se acercaba a esa ciudad,...

̶  I would like one Lobster Roll y malo será*, para que luego digan que los gallegos no somos optmistas.


*”Malo será”, expresión gallega que aunque no lo parezca, denota optimismo y que viene a decir que dentro de lo malo, algo saldrá bien.

sábado, 23 de marzo de 2019

El palmeral celeste


No le resultó difícil imaginársela,  azul tal y como describía el folleto que le habían dado en la entrada. Nada más entrar en aquella hermosa sala Norte comprendió la idea de sus constructores y se figuró la bóveda celeste pintada de azul, soportada por las ramas entrelazadas del bosque pétreo de palmeras que ascendía hasta el infinito. Toda una simbología construida con el propósito de exaltar la prosperidad de la ciudad y como un templo al comercio, la Llotja de la Seda o de los Mercaderes dio cobijo a actividades mercantiles desde 1482.

Nada más perderse entre las columnas helicoidales del Patio de la Contratación, que se elevaban hasta los 17 metros, comprendió por qué al edificio se le consideraba una de las más bellas obras del gótico civil y Patrimonio de la Humanidad.