Qué difícil era llegar allí,… y no solo físicamente. Antes, Norte tuvo que pedir un permiso administrativo para después desplazarse hasta el Macizo Central, una amplia zona montañosa prácticamente despoblada en Ourense. Se sentía en cierto modo un privilegiado, ya que sería una de las 35 personas que ese día podrían visitar el lugar.
Flanqueado por la Sierra de Queixa y la Sierra San Mamede con picos de más de 1.700 m de altura, es donde se esconde el parque natural de O Invernadeiro. Un espacio donde todo es naturaleza,… más de 5.700 ha de protección ambiental para un lugar en el que no existen asentamientos humanos, una propiedad que no ha sido dividida desde la Edad Media cuando su uso era el pastoreo y la caza hasta que en 1997 fue declarado parque natural, cerrando así su estrecho vínculo que siempre ha tenido con el medio ambiente… es la naturaleza guardada.
Una sucesión de montañas ondulantes acoge hermosos bosques de robles, tejos y acebos junto con grandes extensiones de matorral bajo que sirven para dar cobijo y sustento a jabalís, armiños y martas, también a corzos y cabras,… son los terrenos de caza del lobo y reciente también del oso que vuelve a recuperar sus dominios.
Son las viejas montañas galaicas desgastadas por el tiempo que, metódico e incasable, modeló sus profundos valles y sus redondeadas cumbres hasta conseguir un resultado excepcional. El viento, la lluvia y el hielo desgastaron y meteorizaron con la paciencia de un viejo artesano cada uno de los rincones de O Invernadeiro, permitiendo que el matorral bajo crezca en los suelos mas pobres mientras que allí donde el suelo es un poco más profundo los acebos, los robles, abedules, tejos y castaños dominen la vegetación.
Ahora, desde allí arriba, Norte sentía que el farragoso papeleo administrativo y el largo viaje que había tenido que realizar habían valido la pena. El viento en su rostro, los aromas y los paisajes que estaba disfrutando conformaban una hermosa sinfonía que solo la naturaleza sabe interpretar.








