No le resultó difícil imaginársela, azul tal y como describía el folleto que le
habían dado en la entrada. Nada más entrar en aquella hermosa sala Norte
comprendió la idea de sus constructores y se figuró la bóveda celeste pintada
de azul, soportada por las ramas entrelazadas del bosque pétreo de palmeras que
ascendía hasta el infinito. Toda una simbología construida con el propósito de exaltar
la prosperidad de la ciudad y como un templo al comercio, la Llotja de la Seda o de los Mercaderes
dio cobijo a actividades mercantiles desde 1482.
Nada más perderse entre las columnas helicoidales
del Patio de la Contratación, que se elevaban hasta los 17 metros, comprendió por
qué al edificio se le consideraba una de las más bellas obras del gótico civil
y Patrimonio de la Humanidad.









