Subir
por la Rúa dos Clérigos, en un soleado día de abril, no era una tarea sencilla,
especialmente si se hacía al mediodía y después de llevar unas horas
callejeando por Oporto, una hermosa ciudad repleta de sugestivas, pero también de empinadas
y agotadoras, calles.
Así que cuando llegó a la Rúa das Carmelitas, Norte supo que lo peor
había pasado. Desde allí a su destino no quedaban más de 100 metros de una
pendiente suave desde la que ya se adivinaba su cautivadora fachada neogótica.
Pero,
como le había ocurrido en otras ocasiones, era en su interior cuando surgía el
hechizo y, como si se tratara de un hábitat mágico de sabiduría y fascinación,
una librería, tan bella como la ciudad que la acoge, se mostraba ante él.
Anaqueles
repletos de libros, de historias, de saber, cubren sus paredes profusamente
adornadas por elegantes arcos ojivales e intrincadas figuras que parecen
desafiar el más complejo tratado de geometría.
Con
más de un siglo de vida a sus espaldas, entrar en la Livraria Lello e Irmão es una experiencia que difícilmente se puede
olvidar. El aroma a papel impreso, y la tenue luz azulada que proporciona la sensacional
vidriera que adorna su techo, recrean esa atmósfera mágica en la que Norte se
ve envuelto cada vez que se adentra en la que para él es una de las más bellas
librerías.
Y
como si se tratase de un santuario sacramentado a la lectura, una bellísima
escalera serpentea de un modo casi hipnótico que cautiva e invita a cada
cliente a perderse en sus laberínticos espacios.
Entradas relacionadas:
Quizás la más bella librería del mundo
La plaza del conocimiento







