martes, 1 de diciembre de 2020

Como una bella fantasía oriental


«Hermoso, elegante, delicado y, sobre todo atrevido» ―pensaba Norte mientras deambulaba sin rumbo por los restos de aquel claustro del que solo quedaban en pie, como testigos mudos de un pasado más esplendoroso, la iglesia y las cuatro crujías del claustro de San Juan de Duero, un monasterio levantado por la Orden Militar de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén durante la primera mitad del siglo XII en las afueras de lo que hoy es la ciudad de Soria.

Y es que, en cada uno de los lados del claustro, sus creadores habían dejado volar su imaginación en una suerte de formas que que había dado lugar a un heterodoxo pero hermoso catálogo de arcos con una, para él, acusada influencia oriental. 

Desde los clásicos arcos de medio punto sobre parejas de columnas hasta los sorprendentes arcos túmidos, que arrancan de pilares acanalados para entrecruzarse, en un juego imposible, con otros arcos en los que uno de sus extremos queda en el aire, sin apoyo de ningún pilar, como un calderón eternamente suspendido en una partitura musical. 

Para Norte no cabía duda y ese derroche creativo plasmado en la piedra caliza por los maestros canteros solo podía estar inspirado en la arquitectura Oriental que los caballeros de la Orden de San Juan habían aprendido durante las Cruzadas o quizás a un un intento de emular el arte mudéjar español. 

Y es que más allá de la fuerza o la naturaleza de cada uno de los arcos o de su desafío a la gravedad, para Norte era la delicadeza y el preciosismo oriental modelado en piedra.   





miércoles, 14 de octubre de 2020

El susurrar de las piedras

 «El claustro románico más hermoso»   ̶̶ recordó Norte la conclusión de un artículo sobre Santo Domingo de Silos, mientras se perdía en el silencio que aquel lugar le estaba regalando. Afortunadamente esa no era una decisión sobre la que tuviera que pronunciarse, pero es que, además, estaba seguro que la elección de cada persona, por unas razones u otras, sería distinta. En su caso no le cabía la menor duda y si tuviera que decantarse por alguno, lo haría por aquel claustro.

Había tenido suerte, mucha suerte y en el turno de visitas que había reservado no se había presentado nadie más que él, … todo un lujo que Norte estaba dispuesto a paladear con el placer que proporciona un lugar en donde el sosiego y la serenidad alcanzan proporciones inusuales.

Conocía sobradamente los aspectos históricos y artísticos que lo caracterizaban, no en vano lo había visitado en varias ocasiones y en todas ellas había disfrutado de las interesantes descripciones de los guías; quizás por ello declinó la visita guiada y se limitó a un simple paseo por el claustro en la soledad más absoluta.

Solo recordar algunos hechos históricos vinculados al cenobio, causaban en Norte una agitación interior difícil de controlar. Pensar que Rodrigo Díaz de Vivar donó alguna de sus posesiones al monasterio o que, camino de su destierro, pasó por allí cuando el claustro todavía estaba en construcción, dan una idea de los avatares y circunstancias con los que el Monasterio de Santo Domingo de Silos convivió a lo largo de su historia.

Algo parecido ocurrió con sus aportaciones a la cultura y escritura medieval. Y es que en el escriptorium de la Abadía vieron la luz las Glosas Sinensis, en las que se recogen las primeras palabras castellanas escritas. En realidad se trataba de cometarios en lengua romance peninsular realizados en los márgenes de un códice escrito en latín, … 
Pero si algo le fascinaba a Norte de aquel lugar era su aspecto artístico, … especialmente el claustro, el centro de la vida del cenobio, el lugar de donde parten y a donde llegan las actividades diarias del monasterio. Con esa armónica conjunción de arcos, columnas y un infinito catálogo de capiteles figurativos y relieves bellamente decorados con escenas bíblicas que lo hacen único.
Detenerse ante cada capitel era para Norte como descubrir la historia tras cada uno de los motivos vegetales, arpías, aves y leones, entrelazos de cestería, combates de caballeros y un sinfín de escenas bíblicas en la piedra bellamente trabajada, … era como escuchar el susurro de las piedras en una hermosa melodía en la que se entremezclaba el sonido de los cinceles de los maestros canteros y las oraciones de los monjes.



miércoles, 1 de julio de 2020

El cenobio mágico


Desde la distancia, el emplazamiento simplemente lo sobrecogió,… frente a él, emboscado bajo un enorme promontorio rocoso, el cenobio parecía que en cualquier momento podría desaparecer sepultado por la montaña. 

No obstante Norte elevó su ceja izquierda, al tiempo que esbozaba una sonrisa, al recordar que desde hacía más de mil años aquel conjunto monástico formaba parte del conglomerado rocoso que lo amparaba. 

Todo allí parecía trasladar al visitante a un ambiente de retiro en soledad, lejos de los placeres mundanos y en contacto con el medio natural que allá por el siglo X propició la fundación del monasterio. 

San Juan de la Peña despliega un halo mágico que enseguida atrapó a Norte… un medio natural escarpado que desafia la existencia de cualquier edificación en la que más que una construcción realizada por las manos del hombre, los edificios armonizaban de tal modo con el medio natural que parecían formar un conjunto único, resultado de la acción conjunta de las fuerzas geológicas y la erosión del viento y la lluvia, 


... un pasado cargado de historia y en el que, al abrigo de sus muros, se escribió, durante los siglos XI y XII, buena parte de la historia de la monarquía aragonesa. Después, a medida que las conquistas cristianas avanzaban hacia el Sur, fue perdiendo la influencia que ejercía y con ello las preferencias de los monarcas, 


… leyendas fantásticas que sitúan en este cenobio el Santo Grial allá por el año 713 para ponerlo a salvo de los ejércitos musulmanes, 


… y una riqueza arquitectónica única debida su belleza y a la singularidad de su emplazamiento que hace que los artistas hayan tenido que acomodar las piezas a la estructura del terreno. 


… y un claustro que quita la respiración; uno de los elementos más relevantes del monasterio, obra del Maestro de Agüero, un artista anónimo que plasmó bellísimas escenas bíblicas en sus capiteles. 



Todo en San Juan de la Peña rezuma arte e historia, un conjunto mágico en un enclave único.