viernes, 29 de enero de 2021

Como una joya escondida


Siempre le ocurría los mismo. Era uno de esos lugares en los que Norte era capaz de agotar todas las baterías y las tarjetas de memoria de su cámara. Había estado allí ya en tres ocasiones y en todas ellas se había prometido a si mismo guardar la cámara y disfrutar. Deleitarse con la simple contemplación de la naturaleza. Y en todas ellas sucumbió al deseo de llevarse esos instantes en un ilusorio empeño de rememorarlos, aun a sabiendas que esos instantes eran irrepetibles.

Como una joya escondida en lo más profundo del Pirineo Occidental, el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido da cobijo a un extraordinario espacio natural repleto de profundos cañones que contrastan con cumbres de más de 3000 m en una mágica sucesión de bosques y neveros. 

Caminar por sus sendas es una de las mejores experiencias que los amantes de la naturaleza pueden realizar en nuestro país.












miércoles, 1 de julio de 2020

El cenobio mágico


Desde la distancia, el emplazamiento simplemente lo sobrecogió,… frente a él, emboscado bajo un enorme promontorio rocoso, el cenobio parecía que en cualquier momento podría desaparecer sepultado por la montaña. 

No obstante Norte elevó su ceja izquierda, al tiempo que esbozaba una sonrisa, al recordar que desde hacía más de mil años aquel conjunto monástico formaba parte del conglomerado rocoso que lo amparaba. 

Todo allí parecía trasladar al visitante a un ambiente de retiro en soledad, lejos de los placeres mundanos y en contacto con el medio natural que allá por el siglo X propició la fundación del monasterio. 

San Juan de la Peña despliega un halo mágico que enseguida atrapó a Norte… un medio natural escarpado que desafia la existencia de cualquier edificación en la que más que una construcción realizada por las manos del hombre, los edificios armonizaban de tal modo con el medio natural que parecían formar un conjunto único, resultado de la acción conjunta de las fuerzas geológicas y la erosión del viento y la lluvia, 


... un pasado cargado de historia y en el que, al abrigo de sus muros, se escribió, durante los siglos XI y XII, buena parte de la historia de la monarquía aragonesa. Después, a medida que las conquistas cristianas avanzaban hacia el Sur, fue perdiendo la influencia que ejercía y con ello las preferencias de los monarcas, 


… leyendas fantásticas que sitúan en este cenobio el Santo Grial allá por el año 713 para ponerlo a salvo de los ejércitos musulmanes, 


… y una riqueza arquitectónica única debida su belleza y a la singularidad de su emplazamiento que hace que los artistas hayan tenido que acomodar las piezas a la estructura del terreno. 


… y un claustro que quita la respiración; uno de los elementos más relevantes del monasterio, obra del Maestro de Agüero, un artista anónimo que plasmó bellísimas escenas bíblicas en sus capiteles. 



Todo en San Juan de la Peña rezuma arte e historia, un conjunto mágico en un enclave único.

sábado, 13 de junio de 2020

El capricho rojizo de la naturaleza



Dio un rápido vistazo al espejo retrovisor de su automóvil y Norte no pudo menos que volver a maravillarse. A sus espaldas, todavía coronada de nieve, la cordillera que separaba la Península Ibérica del resto del continente europeo conformaba un fantástico espectáculo. Una cadena montañosa de más de 400 km de longitud y cumbres de más de 3.000 m que emerge del Mar Mediterráneo para morir en el Mar Cantábrico. 

Se adentraba ahora en el Prepirineo, una franja montañosa con cumbres de menor altura y profundos y estrechos valles recorridos por ríos caudalosos, considerada la antesala de la Cordillera Pirenaica. Y ese era precisamente su destino, ya que esa estrecha banda montañosa se caracterizaba por contener enormes depósitos de conglomerados procedentes de los arrastres de ríos y glaciares hacia la depresión del Ebro. 

Quizás por ello se llevó una pequeña decepción cuando la carretera por la que conducía, serpenteando junto al cauce del río Gállego, le mostró un bello paisaje pero ni rastro de las formaciones geológicas que estaba buscando. Por un momento pensó que se había equivocado o que quizás las descripciones que le habían hecho de ellas fuesen un poco exageradas; no en vano ya le había ocurrido en otras ocasiones que los relatos de sus interlocutores habían resultado excesivamente entusiastas.


Pero todo cambió cuando, tras una curva, la carretera y el río se encajonaron en un pequeño cañón. Y allí estaban, no cabía la menor duda. Había llegado a su destino, los Mallos de Riglos, unas monumentales formaciones geológicas constituidas por un conglomerado de arena, arcilla y cantos rodados consolidados con carbonatos. 

Después, millones de años de erosión y plegamientos de la corteza terrestre dieron como resultado unos fantásticos farallones de más de 250 m de altura denominados “mallos”. De un hermoso color rojizo, debido a las arcillas y el mineral de hierro que forma parte de su composición, conforman unos singulares escarpes rocosos que fueron quedando aislados de la montaña debido a la erosión. Era como si, una vez más, la naturaleza hubiese dado rienda suelta a su imaginación y las suaves y verdes laderas tapizadas de enebros y sabinas alumbraran el capricho rojizo de la naturaleza.


Durante un buen rato se quedó contemplando la estampa que tenía ante sí y, por unos instantes, deseó ser un experimentado escalador para poder trepar por esas paredes y poder compartir con las colonias de buitres leonados y quebrantahuesos que habitan sus paredes, las hermosas vistas de los cañones del río.


Cuando por fin pudo abstraerse de la sugestiva atracción que la pared rojiza ejercía sobre él, Norte se dirigió a la pequeña localidad de Riglos que, desde hacia siglos, se asentaba a su abrigo. Le esperaba algo quizás no tan excitante como la escalada, pero seguro que muy emocionante y conmovedor; se trataba del Camino del cielo, una ruta de senderismo que lo llevaría a través de los mallos, un espectáculo para los amantes de la naturaleza.