domingo, 24 de octubre de 2021

Continuaremos informando...

 


 A esa hora, la autopista se encontraba vacía. A las 4 de la mañana de un domingo, solo los dos potentes haces de luz de su automóvil rasgaban la negra oscuridad de la noche sin luna.

A su lado, en el asiento del copiloto, Ana dormía plácidamente arropada por la manta de viaje. Casi instintivamente se fijó en el indicador de temperatura exterior del panel de mandos y un ligero escalofrío le recorrió el cuerpo. Cuando salieron la temperatura era fresca pero ahora que estaban ascendiendo un pequeño puerto y se estaban alejando del mar, la temperatura había bajado notablemente y buena prueba de ello eran los -2ºC que resaltaban iluminados en un lateral del cuadro junto al aviso de posibilidad de hielo.

Subió la temperatura del climatizador, bajó la velocidad del automóvil y Luis se concentró en la conducción mientras en el equipo de música sonaba el sonido etéreo y relajante de Enya,

Habían pasado una agradable velada en la casa de unos amigos y ahora les tocaba volver. No les quedaba otra, el primero de noviembre la tradición de los cementerios era inexcusable en sus familias.

No llevaban recorridos más de 30 km cuando la emisora cortó repentinamente la música y la melodía que antecede a las noticias los sobresaltó.

¿Qué ocurre? preguntó Ana, intranquila.

Nada, no te preocupes, acaban de cortar la emisión. Parece que van a dar alguna noticia.

Casi al instante, la tensa y casi dramática melodía cesó repentinamente y un locutor, al que se le notaba cierto grado de alarma e improvisación, comenzó a hablar captando al instante la atención de ambos.

Tras explicar que se trataba de un boletín especial, el locutor comenzó a relatar los extraños fenómenos que estaban teniendo lugar muy lejos de allí, en concreto en el Noroeste de EEUU y amplias zonas de Canadá.

Al parecer esa zona del planeta había quedado incomunicada, siendo imposible el uso de la telefonía. Al mismo tiempo las emisiones de televisión y radio de esas zonas habían cesado repentinamente y unas extrañas luces verdosas, semejantes a una aurora boreal, se podían ver desde las zonas limítrofes. Finalmente el comentarista informaba que un comunicado de la Casa Blanca había anunciado que una intervención urgente del presidente de los EEUU tendría lugar en breve. Continuaremos informando,...

Sorprendidos y un poco intranquilos por el cariz de la noticia, esperaron expectantes a que desde la emisora ampliaran la noticia. Pero, a su pesar, de nuevo la música de las noticias no hacía más que añadir un poco más de tensión al momento que estaban viviendo.

Qué mal me huele esto sentenció Ana, todavía con la voz un poco tomada tras despertarse con el sobresalto por la noticia.

Tras especular con posibles causas, Ana se decantaba por pruebas armamentísticas de los chinos, mientras Luis era partidario de una tormenta geomagnética que afectara a las telecomunicaciones y a los satélites que orbitaban en torno a la tierra.

Continuaron expectantes hasta que, tras unos minutos, la música cesó y el locutor de radio comenzó a hablar de nuevo.

Volvía a repetir el relato en los términos que lo había hecho tan solo unos minutos antes y añadía que los aviones de las fuerzas aéreas habían tenido contacto visual con unas extrañas naves circulares que se mantenían inmóviles a 6000 metros de altura y que habían pasado desapercibidas para los sistemas de radar. Se habían detectado al menos 5 naves, todas ellas semejantes y de grandes dimensiones que no habían dado muestras de actividad hostil de ningún tipo, terminando la noticia de nuevo con un lacónico “Continuaremos informando,...”

Y de nuevo, la emisión se cortó volviendo a la melodía estridente y dramática, dejando a los radioyentes intrigados con la incógnita de lo que estaba sucediendo.

Ana y Luis volvieron a sus conjeturas, en las que la posibilidad de un contacto extraterrestre ganaba peso. De pronto la evidencia de una visita extraterrestre fue haciéndose cada vez más evidente y ambos comenzaron a fantasear sobre la importancia de los instantes que estaban viviendo. Si el contacto fuese amistoso, las implicaciones sobre la medicina, la tecnología, el medio ambiente, la historia,… serían extraordinarias y cambiarían de forma radical el mundo en el que vivían, hasta tal punto de que ya nada sería lo mismo.

Impacientes por la ausencia de nuevas noticias, Luis buscó con el dial de su aparato de radio otras emisoras que se hicieran eco de la información. Era indudable que una noticia de ese calado tendría que estar presente en todas las estaciones de radio.

Desconcertados, tras unos minutos de infructuosa búsqueda, Ana y Luis comenzaron a preguntarse que estaba ocurriendo. Era realmente incomprensible que ninguna emisora más se hiciera eco de un hecho tan trascendental para el planeta Tierra.

Estaba a punto de volver a la emisora que había dado la noticia cuando una frase en una de las estaciones llamó su atención,… se trataba de un comentario sobre el aniversario de la transmisión por radio, el 30 de octubre de 1938, de un principiante Orson Welles informando de que un astrónomo había visto una llamarada azul saliendo de Marte.

De pronto ambos cayeron en la cuenta de que era el aniversario de la emisión de La guerra de los mundos y que, muchos años después, habían sido víctimas de la adaptación radiofónica de la obra más emblemática del novelista inglés H. G. Wells.

domingo, 7 de febrero de 2021

Por goleada

Nunca entenderé la manera que tiene de demostrarme que está enfadada; sobre todo esa puta manía que tiene de pelearse sin hablar … y es que nada más salir de casa de Elvira y Gerardo comprendí que esos silencios,… esas miradas,… esos gestos no presagiaban nada bueno. 

Desconcertado, repasé mentalmente lo ocurrido durante la cena, intentando encontrar la causa. Y es que para mi todo había estado fantástico. Habíamos disfrutado de una velada muy divertida en su nueva casa recién decorada con un estilo funcional y minimalista, en la que por todas parte se veía el sello de Elvira siempre empeñada en reducir las cosas a lo esencial y deshacerse de todo lo superfluo. Todos los espacios rezumaban equilibrio y simplicidad para los que habían empleado una paleta de colores neutra que acentuaba esa limpieza general que se respiraba en la casa. 

Pero es que además Elvira y Gerardo se habían currado el menú armonizando productos de la tierra con denominación de origen y preparaciones vanguardistas que destilaban la experiencia gastronómica más hedonista. 

Y es que algo sucedió durante la cena en lo que no había reparado y escapaba a mi comprensión, ya que nada más subirnos al coche para volver a casa fue cuando todo empezó a torcerse. 

―¿Te pasa algo? ―pregunté a sabiendas de que por el momento solo se trataba de una pequeña escaramuza. 

―No se. Tu sabrás ―me respondió al instante con ese tono seco y ácido, como de asco, que ella dominaba como nadie, comenzando abiertamente las hostilidades. 

«Pero como pude ser tan estúpido» ―pensé. Tenía claro que la primera regla en una cena con amigos y tu pareja era estar atento a las “señales”, nada de relajarse. 

―¿Quieres que hablemos? ―pregunté de nuevo, arrepintiéndome casi al instante de haberlo hecho. 

―Ahora,… ahora querrás arreglarlo. ―y comenzó un desconsolado gimoteo acompañado de gruesos lagrimones. 

―Pero ¿porqué lloras? 

―No estoy llorando, simplemente exagero en los tonos más agudos con alguna lágrima ocasional ―me respondió, esta vez con un gesto de sufrimiento casi agónico que me hizo sentir el ser más vil y despreciable bajo las estrellas,… 

―¿Es por ….? ―volví a preguntar, e instantáneamente su desaprobadora mirada me recorrió de arriba a bajo … Era como cuando en plena noche me despierto y la encuentro allí, mirándome fijamente en la oscuridad mientras duermo, seguramente reprochándome en silencio Dios sabe qué torpeza yo había cometido ese día, hacía un año o quizás un lustro. 

Ya no había marcha atrás. No podía dejar ahí la pregunta, como un calderón suspendido eternamente en una partitura. Tendría que arriesgarme si quería arreglar aquel desencuentro antes de que se convirtiera en algo de lo que seguro me arrepentiría en las próximas semanas. Solo pensar en convivir con una Puri “molesta” me aterrorizaba. 

―Te ha gustado la velada, ¿verdad? ―me espetó repentinamente, y de inmediato me percaté. Era una “pregunta trampa” , una de esas de las que nadie ni nada te puede salvar y contestes lo que contestes ya puedes darte por jodido. 

―Eh... ―logré murmurar, en un intento de ganar tiempo. Mi cerebro bullía de actividad buscando una salida. Era consciente de que ya se habían encendido todas las alarmas. 

―Así que te encantó esa tortilla deconstruida de patatas de Coristanco con huevos ecológicos que nos prepararon ¿no? 

―Eh...  ―acerté a contestar. 

―Si yo te pongo la tortilla así, en una taza con las patatas flotando en el huevo sin cuajar me echas de casa. Y luego Elvira, para rematar, nos suelta la cursilada de que “nutrir es amar”. 

«1 a 0 » ―pensé, se había adelantado en el marcador. 

El semáforo se puso en verde y durante toda la avenida un silencio incómodo se instaló entre nosotros aunque yo sabía que ella estaba rearmándose, en su CPU estaba repasando palabra por palabra toda la velada que por supuesto tenía escaneada; … estaba seguro que de un momento a otro llegaría una nueva andanada. 

―Y la casa, … la casa parece que te encantó también, ¿verdad? ―volvió a lanzar en cuanto nos detuvimos en el siguiente semáforo. 

―Eh...  ―murmuré de nuevo. 

―Han hecho una casa que más parece una nevera industrial que un hogar. Nos viene con el cuento de una “vida sencilla” y luego nos cuenta que la butaca en la que estabas sentado les había costado 7.000 euros. Pero eso es minimalismo y sencillez , ¿verdad? y no postureo.

«2 a 0 » ―pensé, el marcador comenzaba a ser de escándalo. 

De nuevo el semáforo se puso en verde y, de nuevo, el ambiente se llenó de una tensión que podría recargar un móvil. 

―Y la buena de Elvirita, Doña Perfecta, estaba muy guapa hoy,…. ¿no es cierto? ―me espetó de nuevo, esta vez antes de llegar a un nuevo semáforo. 

―Eh...  ―farfullé, consciente de que la emboscada había terminado y no me quedaba mas salida que la rendición total y absoluta, … porque el que calla otorga, y el que otorga pierde. 

―Fíjate, la mosquita muerta, presumiendo de esas tetas plásticas antigravedad. Y luego nos suelta que no lo hace por los demás, … que lo hace por sentirse a gusto consigo misma. Y tú, como un bobo,  dándole la razón sin quitar ojo de su canalillo. 

«3 a 0 » ―me reproché apenado y comprendí que había perdido el partido y la liga,… ¡por goleada!